13. DE UNA SOLEDAD MUY PARECIDA A LA FELICIDAD

En ese fascinante libro que es El fin del Homo sovieticus (2015), de Svetlana Aleksiévich (Nobel en 2015) hay un monólogo entre la autora y una joven ejecutiva llamada Alisa Z. Son los años noventa. La URSS ha caído y las reformas de Yeltsin han fracasado. Rusia es un caos total. Gente enriquecida hasta el oprobio convive con habitantes de barrios periféricos a quienes llegar al final del día les sigue costando tanto como el poder salía del Kremlin.
Alisa es hija de un matrimonio de intelectuales disidentes, educada con las mejores lecturas. Alisa quiere a sus padres pero le horroriza recordar ese mundo del que ya no pueden escaparse: el mundo del fracaso, del imposible socialismo con rostro humano. Desde los 22 años en que acabó la carrera de Periodismo, Alisa se impuso la tarea de no ser como sus padres y de coserse a todo aquel que estuviera sentado sobre un saco de oro, sin importar raza, edad ni otra condición. Su única meta es el lujo, la comodidad que proporciona el sistema capitalista a quien flota entre dólares o euros



Alisa ha sido feliz pero está sola. Sus relaciones con los hombres han sido complicadas y se ha blindado contra el amor. Se enamoró una vez, locamente, hasta los huesos, perdidamente, de un hombre casado con quien fue feliz pero que se fue cuando supo que Alisa esperaba una hija. Entonces Alisa descubrió la soledad. Y, en un giro casi copernicano a la sentimentalidad contemporánea, descubrió que la soledad era muy parecida a la felicidad. Que la soledad ya no era patrimonio de los pobres, de los tristes o de los desgraciados. Que ya nadie podría escribir como Nietszche aquella frase tan llena de narcisismo, tan impostada: «Nosotros, los solitarios…» o la memez benedettiana de la «soledad tan concurrida…».

Hace dos años que la actriz Patricia Jacas descubrió el monólogo de Alisa y comenzó a memorizarlo palabra a palabra. Un día decidió representarlo para sus amigos en una soirée privada. Y fue un éxito. Desde entonces, un par de fines de semana al mes y en cualquier lugar de España, Patricia Jacas se sube a las tablas de un escenario mínimo y austero para que Alisa Z, la mujer que con su fortaleza hizo de la felicidad una gozada, se encarne en ella. Como en el teatro de Chejov, como ahora hace Annette Bening en La gaviota, sobre el escenario pasan muy pocas cosas. Si acaso, la vida cotidiana, que fluye al ritmo de la ceremonia del té que se prepara en el samovar al fondo de la sala. Pero el interior de Alisa es una tormenta desatada: » ¿Qué es ahora la felicidad? Ahora los solitarios son personas de éxito». «Ahora la soledad se parece mucho a la felicidad», susurra para abrochar el discurso final la actriz Patricia Jacas. Una formidable tarde de teatro. No se la pierdan.

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