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A OSCURAS ( hoy en La Nueva España)

A oscuras

La investigación del asesinato de la viuda del expresidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo Vicente Sala


El viernes 9 de diciembre de 2016 fue asesinada de dos tiros a bocajarro en la mejilla izquierda doña María del Carmen Martínez, de 72 años de edad, viuda de Vicente Sala, expresidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo entre 1998 y 2009 y uno de los empresarios más destacados de la Comunidad Valenciana. El suceso ocurrió en las afueras de Alicante, en un concesionario de coches propiedad del consorcio familiar que dirigía la víctima y que facturaba unos 300 millones de euros al año en negocios variados. Junto a la víctima aparecieron los casquillos de bala pero la pistola con la que se dispararon nunca ha sido hallada. A fecha de hoy el crimen, el llamado «crimen perfecto» por la prensa de la «verdad rápida», está pendiente de sentencia. Tras la instrucción del sumario solo ha habido un detenido, uno de los yernos de la víctima, que fue liberado tras 39 días en prisión.

Las circunstancias que rodearon al crimen, una familia rica dividida en dos bandos tras la muerte del padre, así como la relevancia social de la víctima hicieron que el caso haya sido seguido por los principales medios nacionales que han hecho poco esfuerzo por evitar que el asunto se deslice hacia la sección de «novela negra» donde la principal función del periodismo que es contar la verdad a los lectores suele desaparecer ahogada entre fábulas, ocurrencias divertidas, tropos y aliteraciones.

El periodista Sergio González Ausina lleva años peleando contra la ficcionalización de su oficio y la desaparición del sentido común de la vida cotidiana. El periodista González Ausina ha escrito un brillante reportaje sobre este caso: «A oscuras. Una aproximación al caso Sala» (Funambulista, 2018). El asunto le llamó la atención al periodista González Ausina el pasado verano, mientras estaba de vacaciones, se carteaba con psiquiatras (ganas de leer ya «Última carta. Un suicidio en mi familia» que publicará en breve Eds. Deliberar) y veía crecer su barba. Y se empapó de todo lo escrito sobre el tema. Y le sorprendió la complicación que iba adquiriendo el desenlace del dramático asunto. Y ha hecho, en un pequeño y aconsejable libro, un reportaje corto y claro. El periodista González Ausina, trabajando sobre la luminosidad que aportan los hechos, extrae tres reflexiones nada desdeñables: en primer lugar, que de «crimen perfecto», nada de nada: hay personas interrogadas que mintieron en sus declaraciones. En segundo lugar, que en ausencia de pruebas concluyentes hay que elaborar hipótesis sobre los indicios. Hasta 39 indicios ha logrado reunir un intenso trabajo policial que están esperando ser confirmados o descartados. Y en tercer lugar, el autor vuelve a llamar la atención sobre una figura altamente controvertida en el esclarecimiento de ciertos sucesos: el confidente policial. Y me viene ahora a la mente el caso Diana Quer, denotado y connotado por Arcadi Espada y no sé si alguien más… La conversación que el autor del libro transcribe del folio 217 del sumario entre un inspector de Policía y un confidente policial que regenta un desguace próximo al lugar de los hechos y que había estado aquella tarde en el concesionario parece muy relevante pero pocos han reparado en ella. Detengámonos aquí. El periodista González Ausina se ha leído todos los artículos periodísticos sobre el crimen. Ha leído más de 2.000 folios relacionados con el caso. Ha visto docenas de vídeos. Y sabe que el coche que conducía la víctima, un Porsche Cayenne, le había sido robado a su primer propietario, Vicente Sala, en el año 2010 por dos hombres a punta de pistola y que para localizarlo se usaron hasta helicópteros policiales. En los momentos posteriores al crimen este hecho solo fue reseñado por el yerno y el confidente. Pero sigamos con el libro, que lleva un brillantísimo posfacio firmado por Alfonso Armada, uno de los periodistas españoles más respetables, que se titula «Del arte de buscar la verdad» donde se dan unas cuantas admoniciones importantes para su gremio.

Fue hacia 1999 cuando Félix de Azúa firmó para el diario «El País» una columna titulada «Profesionales». En ella decía: «El buen periodista desconfiaba de absolutamente todo el mundo, pero muy en especial y por orden decreciente de los políticos, de los policías y de los jueces. El buen periodista servía a sus lectores y sabía que el peor enemigo de la verdad es un político, un policía y un juez. No todos, claro está, sólo uno. O de uno en uno. En la actualidad los periodistas parecen tomar la información oficial de los partidos, de las agencias estatales, de la policía y de los juzgados como dogma de fe.»

Aquellos periodistas no existieron solo en las películas de Billy Wilder. Lean «A oscuras. Una aproximación al caso Sala», de Sergio González Ausina para comprobarlo. Y para certificar que no hace falta la ficción para enhebrar un estremecedor relato.

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