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Au revoir la chanson

No es cierto, como afirman los advenedizos,  que en el fútbol tan pronto estés en la gloria como en el abismo y que un gol en contra o a favor te puede hacer tan pronto héroe como villano. Eso pasa en circunstancias y en casos muy concretos. Por regla general, el fútbol sigue las simples leyes que determinan cualquier otra actividad humana realizada en grupo. Los equipos de fútbol, como los seres humanos, tienen una ontogenia y una filogenia. O sea, que tienen ciclos evolutivos a los que acceden tras la resolución de las sucesivas crisis madurativas. Así, hemos visto crecer, arrasar y desaparecer al Ajax de Cruyff, al Bayern de Beckenbauer, al Nottingham de Clough, al Madrid de la Quinta y ahora, al Barsa de Rijkaard y Guardiola. Es completamente anticientífico suponer que la evolución del FC Barcelona ha progresado mas allá de lo biológico hacia un dominio trascendental de orden diferente. Porque toda acción humana y toda experiencia humana, y el fútbol del Barsa es un ejemplo, es un hecho biológico. Anoche, de forma estrepitosa, es cierto, se puso fin a la demoledora trayectoria del mejor equipo español del siglo XXI.

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