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Bajo el volcán (I)

Llevamos ya ocho días en la isla. Y estaremos alguno mas de lo
previsto. Las debilidades del cuerpo y el atractivo de la lava y la malvasía
nos arrastran como las sirenas de la mar y nos impiden tomar el vuelo de
vuelta, como el viento, hacia ninguna parte.  A fin de cuentas, no siempre
puede uno estar viviendo tranquilamente en una isla mágica, sobre una
montaña de fuego. 
La isla está mas transitada que nunca. Ocupada sobre todo por un
turismo europeo muy joven, con abundancia de niños pequeños. Pero pese a que la
ocupación hotelera supere el 90% no se advierte la misma aceleración en el
consumo. Los turistas suelen venir con su pulserita de todoincluido y pasan los días recluidos en sus
viviendas de alquiler. No, esta isla mágica, aún no ha vuelto a ser lo mismo.
Eso aparte, aún quedan por concluir las obras públicas que enlentecen mucho el
tráfico por el centro de la isla y afean notablemente el paisaje.









Por suerte, nuestros garitos habituales siguen en pie. Gilberto
sigue en la librería El Puente, Casa Ginory sigue repartiendo matrimonios de
corvina y calamar, sumitos y cortado condensada a toda pastilla. En el
Aguaviva, Luis y Javier siguen haciendo alquimia con productos insospechados y nos
despedimos de ellos con el gin tonic sólido que tan bien resulta para asentar
las cenas. En Uga, en la Bodeguita, en un cuarto de hora te montan un timbal de
delicias a la vera de donde sueñan los camellos en las noches estrelladas. Y
para comer buen pescado siempre estará Juan El Majorero en el Brisa Marina de
Playa Blanca o Pepa, en la Marea de Playa Honda, que elige con mano firme los
mejores peces al primer rayo de la luz de la mañana. Pero salvo los chiringos
frecuentados por nativos, el resto, a donde vamos los godos, visigodos o
peninsulares (según el tiempo que llevemos en la isla) suelen estar casi vacíos.
Yo, que ya soy al menos visigodo, puedo opinar un poco. Y eso hago a la que
puedo.
*****

Ayer por la tarde, mientras regresábamos de La Graciosa, sucedió
una cosa bastante curiosa. Al hilo del Caso Pujol, tan en candelero. Hace cuatro años yo tuve contacto con Albert Solé Bruset, el cineasta hijo del exministro
Jordi Solé Tura.  De aquel encuentro dejó
taxativa constancia el escritor avilesino Saúl Fernández en una entrevista
psicodélica que le hizo para La Nueva España. Y digo psicodélica porque
recuerdo con pena el menú que tuvo que comerse aquel día el bueno de Albert: ¡el
menú del Hospital!, el menú de un día raro, que diría Saúl en su última
novela.
A Jordi Solé Turá le dedica Arcadi Espada la primera y contundente
columna escrita tras la la confesión del latrocinio fiscal cometido por Jordi
Pujol. A Jordi Solé Tura le lleva dedicando Espada las mejores palabras que se
le pueden dedicar a un político desde que escribió Contra Cataluña, un
libro profético y profetizante que puede entenderse ahora mejor que nunca. Sin
embargo, la percepción de Albert del trabajo de Arcadi no ha sido buena. Ignoro
las razones. Cuando Albert Solé estrenó la película sobre su padre, ya con
Enfermedad de Azheimer, Bucarest, la memoria perdida, Arcadi Espada la
criticó con dureza. Y no fue el único. Cuando la proyectamos en Avilés, Albert
Solé vino, como conté antes, al coloquio haciendo un esfuerzo gratuito e
inhumano. Yo tuve que aguantar un chaparrón de críticas sobre la cinta de
algunos de mis jefes de entonces, personas que, colateralmente, habían compartido
militancia comunista con Jordi Solé Tura. A mí, que desconozco aquellos tiempos,
la película me gustó mucho y me pareció humana y muy cariñosa. Muy lejos de la
frialdad metálica que desprende Bicicleta, cuchara, manzana, el
documental sobre Pascual Maragall y familia.
Bueno, pues la cosa estaba así. Con AE y AS francamente
distanciados. Hasta que ayer, al fin, Albert Solé desde su muro de Facebook agradeció
públicamente a Arcadi Espada la defensa que ha hecho de su padre e incluso agradeció
al diario El Mundo, la pertinaz investigación que ha obligado a Jordi Pujol a confesar
las tropelías de su falsificado pasado.
Confieso que a mí me sorprendía la actitud de Albert Solé sobre
alguien que defendía con tanto ahínco la figura de su padre, masacrado por el
pujolismo. Confieso que también me sorprendía que Albert Solé aceptase, si
esa es la palabra exacta, apoyos de parte de quienes lincharon política y socialmente a su padre. Como decía José Larralde: ... pero los patrones mueren y después los hijos mandan..Y me temo que eso ha sido así durante mucho tiempo. No lo entendía. Yo se lo pregunté y creo que fue sincero
aunque a mí no me convenciese su respuesta. Por parte de Arcadi lo que ha
habido siempre ha sido lo mismo. Un trabajo minucioso, contrastado, pegado a
los hechos y lejos de los porqués que a mí tanto me interesan. Y siempre ha
mantenido lo mismo: que el hijo no ha estado a la altura del padre. En esto
estoy con Arcadi. Pero también puedo decir que la carta de Albert de ayer por
la tarde me alegró mucho. Por dos razones, porque lo que supone de refuerzo
para A. Espada, a quien tanto han pateado y despreciado, y porque Albert Solé me
parece una gran documentalista y un tipo sencillo y humano, demasiado humano. Y que tal vez aún no lo haya dicho todo su padre. Sobre el Capitán Trueno.



PD. La foto, del gran Ricardo Solís.

15 Comentarios

  • Anónimo

    Disfruta de la isla.

    Esto de comparar padres e hijos… Arcadi le ha dado mucha caña al hijo de Manuel V. Montalbán sin entender yo tampoco el por qué.

    Quién haya leído a Espada no se puede extrañar de lo sucedido en estos días con Pujol y bien está elogiarlo. Ahora que tampoco estaría mal recordar quien firmaba las crónicas de EM sobre el saqueo de los Pujol mientras estos lo negaban y gritaban que se estaba atacando a Cataluña. Pero claro, la progresía no se puede permitir elogiar a determinados periodistas.

    Se empiezan a oir voces pidiendo respeto a Jordi, porque dicen al fin y al cabo tiene 84 años y elogios por renunciar a sus privilegios. España, con cataluña dentro no tiene solución. A la mierda.

    ch

  • Anónimo

    Ahora resultará que ha sido Espada quien se ha cargado a Pujol. Y todo porque sale en una foto regañándole, como hacia con todos los periodistas.

  • Anónimo

    Lo mejor de la entrada es lo que siempre hace Arcadi: un trabajo minucioso, contrastado, pegado a los hechos.

    Tengo la cada vez más arraigada certeza de que cuando Juanjo se retira a Lanzarote, encarga los artículos a Espada.

  • Anónimo

    A mí esa adoración a Espada me resulta marciana. Es como si el dueño de este blog entrara en el blog de un periodista donde se alaba hasta la saciedad a Rojas Marcos, el psiquiatra.
    P.

  • Anónimo

    Lo de Inda nada tiene que ver con la política ni con la progresía ni con el periodismo. Cuando PJ lo trajo de Palma a dirigir Marca yo no sabía nada de él. Alguien que sí lo conocía escribió unas líneas en La libreta de Van Gaal. Alguna vez he intentado encontrar aquel comentario: es el perfil más redondo, perfecto y cierto escrito jamás.

    M.A.

  • Anónimo

    Hombre, M.A.,…A.E, aporta literatura e ingenio. Otros (Inda solo es uno) noticias. Creo que las noticias tienen algo que ver con el periodismo.

    En el blog de Sarapo no se habla de psiquiatría (pocas veces) y habitualmente sí de noticias. Bien está que hable bien de A.E. Insisto.

    ch

  • Juanjomj

    Yo no he dicho nada sobre AE que no haya dicho Albert Solé. No he hecho mas que recoger sus palabras laudatorias en este caso. No sé porqué se sorprenden. Y si leen Contra Catalunya se darán cuenta de que AE acierta en casi todo.
    Es como si alguien escribiera un Contra Asturias ahora. Muchos periodistas asturianos de renombre tienen datos, tienen pruebas, tienen medios donde difundir lo escrito. Lo que no tienen son cojones. Que es lo que tiene gente como AE.

  • Juanjomj

    Por poner un ejemplo de periodista en Asturias yo recordaría la Biografía de El Corte Inglés que escribió Javier Cuartas. Lástima que El Corte Inglés comprase toda la edición y no sé pasaría luego para que no se haya reeditado. Porque es un libro importante para entender España y el ser humano.

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