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Cuento de Navidad

Un joven escritor GAC llega a Madrid con 17 años. Es un chico listo, espabilado, valiente. El chaval  es brillante, ¡qué duda cabe! y durante su carrera universitaria publica artículos de cierta relevancia y se va haciendo un nombre. Muy pequeño, pero un nombre. Todo va bien, pero al margen. Hasta que un día cuando ya ha finalizado su formación académica se pone a dar clase en la Universidad que le ha formado. Todo va bien porque para eso estudió y se ha sacrificado. Y entonces todo empieza a ir mejor. Elige un lugar para vivir demi cuit, semimundano, entre el cielo y el infierno. Todo en su vida parece ya demasiado diseñado. Y un día un buen amigo le ofrece colaborar en la revista que edita un prestigioso centro cultural. Y resulta que lo hace tan bien que lo nombran director adjunto del citado centro. Bueno, pues aquí, ahora que ya pica alto,  le entrevistan para el periódico mas grande. Y ahí le vemos después de años sin saber nada de él, encarramado a la prestigiosa cúpula. El joven intelectual mira para abajo, como hace la Tana Rinaldi cuando canta Sexto Piso, y ve a la gente indiferente transitar por la ciudad….ventanal de un sexto piso…Pasan unos años mas y el intelectual madura, deviene senior. Publica un buen libro, fresco, pero con tramos muy deudores del pasado. Tal vez lleva demasiado plomo en las alas como para ser el cóndor que guíe el retorno a la casa común de la izquierda. Pero el libro es osado, ¡qué cojones! y empieza a ganar premios desde el primer fin de año. Y a subir como la espuma en el ránking de popularidad.

Tengo un conocido de provincias que vive de escribir desde ni se sabe cuantos años hace. El tipo, MAE,  escribe bien, muy bien y es enormemente divertido. También en su época se fue a Madrid, también estudió una carrera de Letras y fue brillante. También trabajó, ¡¡¡¡gratis¡¡¡¡¡ durante años poniendo su ingenio al servicio del peor postor. Luego, por vivir, hizo de todo, gacetillero, poeta, críticos de cine, de arte, etc… Con gran dificultad le han ido saliendo algunos trabajos serios pero ahora, ya cumplidos los 40 años sigue dependiendo del azar y la buena voluntad de los colegas que dirigen los medios para poder vivir. Un día, cuando nuestro joven GAC publicó su premiado libro, el gran MAE me dijo que había leído aquella entrevista que el periódico mas grande le había hecho en el sexto piso, tú callada y yo sumiso… Y me contó que él también se fue a Madrid porque había leído con 17 años  una entrevista similar con un joven brillante y muy similar a GAC. Y se había creído aquella entrevista y aquella trayectoria del héroe a pies juntillas. Y se había creído que trabajando duro y con su talento algún día llegaría a trabajar en aquel edificio de la cúpula adorada. Hasta que una tarde aciaga  se enteró que en la biografía de su héroe faltaban unos cuantos detalles con importancia. O sea, faltaba el contexto que sostenía al genio. Lo que el gran MCG llamaba «el tendido eléctrico de la estrella». Y MAE, me dijo con amargura, sosteniendo un ejemplar del periódico más grande: «El problema de estas entrevistas es que las lee un chico pobre de provincias, se las cree, viene a Madrid pensando que son ciertas y se estrella». Yo recordé entonces una conferencia reciente de CLO, un gran bioquímico asturiano, donde contaba los requisitos para ser un investigador de prestigio. Aparte de ciertas dotes naturales y una gran capacidad de sacrificio, CLO reconocía que en su caso fueron fundamentales las cartas de recomendación que su querido maestro Severo Ochoa le había dado. CLO, sincero y brillante, les estaba diciendo a un montón de jóvenes médicos que para triunfar no basta con ser irreprochablemente buenos técnicos. También hacen falta ciertos apoyos que provienen de las ciencias sociales.
Me temo que la recuperación de la izquierda no pasa solo por recuperar el poder político arrebatándoselo a la economía. Es realmente insondable el prestigio que tiene la mentira en España.

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Un servidor inicia hoy un largo viaje al final de la noche.

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