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El capitán de mi alma. The end.

Mandela no morirá mientras Morgan Freeman siga vivo, me dice Ch por línea interna. Y tiene razón. La capacidad del cine para transformar la realidad es fabulosa. Máxime cuando los espectadores van al cine con ganas de que la ficción sea cierta. Es como la hipnosis, que solo funciona en aquellos sujetos con ganas de ser hipnotizados y se ponen a ello con ganas, con el esfínter bien relajadito.
Ahora y en la hora de la muerte de Madiba vienen las exégesis, las hagiografías. Pero también viene en varios periódicos una adecuada decantación de los hechos que jalonaron su vida. En casi todos los reportajes, la presencia del famoso partido de rugby que lanzó definitivamente a Mandela al estrellato moral y enriqueció sobremanera al sobrevalorado Eastwood, al cuentista Carlin y a Freeman entre otros, es anecdótica. O sea, un asunto muy menor. De hecho, solo lo recuerda la columna del propio Carlin. Y otros columnistas aprovechan el momento para denunciar las licencias que se permitió Eastwood. Mi opinión es que la figura de Mandela no necesitaba que le cosieran la ficción a la espalda. Ya era inmensamente grande. Y que salió perdiendo mas que ganando de aquel encuentro. Porque del cine de Hollywood rara vez sale algo cierto. Ni siquiera el aceite curó a Lorenzo Odone.

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Leyendo las biografías de Madiba se ve que la mayoría de columnistas tomaban el té con Mandela en Robben Island. Especial interés merecen las explicaciones que da la canallesca al asunto de sus mujeres. La explicación mas socorrida es que perdió sus matrimonios por consagrarse en cuerpo y alma a la política. Una explicación que es como de portavoz muy oficial del Gobierno. Hombre, yo no sé si los columnistas, además de tomar el té con Madiba, también estaban escondidos entre las sábanas de la alcoba de Don Nelson para poder escribir eso. De algunos lo dudo con fuerza. Pero de John Carlin me lo espero todo.

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FronteraD, gran revista, cumple cuatro años. Que son los que lleva Ricardo Bada escriturando su vida desde Colonia en su Diario. Me gusta su tono directo, natural, inmediato. Bada escribe lo cotidiano desde la erudición y el cosmopolitismo que le da su atalaya alemana. También me gusta como enriquecen sus escritos las decenas de hermosas mujeres que, por las noches y desde lejanas tierras  le dejan mensajes de amor. Esto lo contó Angeles Mastretta en Avilés, una tarde de primavera que aún retengo en la memoria. Y me parece plausible a tenor de lo que leo.

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Hoy es festivo. Hoy hay tiempo para actualizar este blog y otros varios. Y para escribir «orificio anal» donde un día de diario, con las prisas, escribiría «ano». Espada dixit….

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