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ESPLENDOR EN LA PLAYA

Hace unos días, Juan Tallón publicó un artículo sobre los problemas que surgen a la hora de tomar decisiones importantes en nuestras vidas. Juan decía que lloramos demasiado las oportunidades perdidas, que cada hueco vacío es una nueva ocasión y que los daños también producen frutos. Cuando leí la columna  pensé que ta vez Juan se hubiese ido a vivir a un balneario zen y escribiese nadando a la luz de la luna entre flores de loto mientras un anciano sacerdote ciego le recitaba el Libro de La Sabiduría. Pero sé que no es el caso. Que Juan sigue escribiendo a diario, disfrazado de guerrero celta  o de mago de César Aira, que vienen a ser un poco lo mismo.
Yo estoy muy de acuerdo con él en esto. Las grandes neurosis  arrancan de la sobrevaloración que se ha vertido sobre la toma de decisiones. Básicamente porque con tantos expertos en la gestión de lo íntimo no está permitido fallar. La psicologización de lo cotidiano ha llenado de miedos y temores la vida social. Hoy todo pasa por el confesionario de lo psicosocial que raramente soluciona nada. 
Todas estas simplezas de las que hablo están ya descritas por Plutarco y otros autores de la Biblioteca Gredos que es la única colección que debería leerse de forma obligatoria de los 10 a los 18 años.
Lógicamente, la toma de decisiones se ha convertido en un campo abonado para los más avispados. Desde el marxista noruego Olsson, que hace una serie de algoritmos para intentar domar la suerte con los que nunca aciertas y si fallas, te jodes, al gran gurú Kahnemann, que, mucho más listo, ha aplicado su método a la toma de decisiones en las grandes operaciones financieras y le han dado el Premio Nobel aunque su obra hubiese sido preescrita por otros 30 años antes. Pero el Premio no solo es para el que se lo trabaja sino para el que se presenta al concurso. 
Pero volvamos al hilo principal. Lo que Tallón describe hoy en día como «oportunidades perdidas y temblores asociados» tiene un envés que Erich Fromm definió como «miedo a la libertad». Ya ven que rápido se cierra el círculo. Juan es un gran novelista y un excelente columnista. Yo soy un psiquiatra. A fin de cuentas ambos tratamos de que el gran público se beneficie de unos escritos, en el caso de Tallón, o de unos consejos en la consulta, en mi caso.
Poca cosa nos separa. Si acaso la película que ilustra el debate. Juan se apoya en «Alta Fidelidad», cinta basada en un libro de Nick Hornby y protagonizada por John Cusack. Hay un extraña llamada a la valoración moral en el momento menos pensado en el tratante de vinilos de «Alta Fidelidad». Nunca entendí esa secuencia pero, en fin, la respeto. En mi caso aún llevo mal el desapego de Warren Beatty con Natalia Wood en «Esplendor en la hierba» por el hecho de volverse un poco loca cuando él la deja para irse a la Universidad. Hay daños que no dan ningún fruto, escribió WT Adorno. Lo sabe el protagonista de «Alta Fidelidad» que no quiere hacer «ningún putadón» a nadie y lo sabía el poeta William Wordsworth cuando escribió que «aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba ni de la belleza en las flores, no debemos afligirnos: debemos buscar la fortaleza en todo lo bello que hemos dejado atrás». 

Un comentario

  • ΣAnjx_

    En la red hay demasiada gente encantada de darte abrazos. No les parece que ser y estar sea de una dualidad imposible e incoherente. Legítima moral comprensible. Europa es un cúmulo de despropósitos pero mejor lugar de la tierra para rehacerse sin beber el vaso del superviviente. Morir no debería ser forma de vida nunca y benditos ls errores. Que el espíritu de la Navidad les conserve su cerebro.

    Feliz Fiestas a tod@s

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