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Fijar el instante

«Sobre la fotografía» es uno de los ensayos más valiosos de Susan Sontag. Recuerdo vagamente algunos aforismos pero si hay un sintagma que Sontag se preocupó de coser a su idea  de la fotografía fue la nostalgia, el paso del tiempo. Leyendo el reportaje que Juan Goytisolo acaba de publicar en El País Semanal sobre La Chanca, el pobrísimo barrio almeriense que tan certeramente retrató en 1959. Todo en él es pura nostalgia, tiempo desvaído. Aunque, por desgracia, demasiada Chanca sigue siendo la de entonces. La pluma de Goytisolo también sigue siendo ágil e incisiva. En tres párrafos nos pone al día de lo que fue aquello y ya no es. Pero no entiendo la belleza que puede haber en la miseria. No entiendo porqué la miseria puede atraer a cineastas y otros creadores. No, decididamente yo no capto la esencia estética de La Chanca. Me quedo en la frase simple y terrible del anciano que explica la persistente marginación del barrio a causa de las políticas municipales. «Saben que nos les votamos…». ¡Cuánto miserable sigue dirigiendo la vida pública! Y vuelta a las fotos de la mierda rehogada y coloreada. La nostalgia de aquello que jamás sucedió.

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El Jeu de Paume es una de las mejores salas de exposiciones de fotografía que hay en París. Me encanta pasar las horas muertas recorriendo sus tres pisos mientras la tarde cae sobre los jardines de las Tullerías o los alocados conductores del sábado noche sobrevuelan la Plaza de la Concordia. Siempre se aprende algo nuevo en el Jeu de Paume. Esta última visita, y de forma totalmente inesperada nos dimos de bruces con la exposición de Taryn Simon, fotógrafa norteamericana, rica, guapa, famosa y cuñada de Gwyneth Paltrow. Como diría Blasco Ibáñez, el ídolo secreto de Rafa Lahuerta, ¡Gran Dios! ¡Qué maravilla! ¡La vida entera estaba allí! En las fotos de Taryn Simon, que es una artista contracorriente. Tiene series impagables: una sobre los objetos de contrabando decomisados en las aduanas de Estados Unidos. Otra sobre los espacios habitualmente vedados a los propios yanquis en su país: la NASA, la CIA, el Klu klux Klan, un frasco con VIH en Harvard, un vertedero tóxico, etc…
Pero la serie que más me impresionó fue la de Los Inocentes: fotos de condenados a larguísimas penas de cárcel en base a testimonios de testigos o pruebas que muchos años más tarde se demostraron falsas. Ahí surge otra concepción de la fotografía que se le escapó a Susan Sontag y que Taryn Simon ha cazado al vuelo: un instrumento para la mentira y la manipulación tan falible como la mente humana.

Solo hay un espacio que le han vedado fotografiar a Taryn Simon: el parque de atracciones de Walt Disney. Le negaron el acceso con estas palabras: “ Especialmente en estos tiempos violentos, personalmente creo que la magia que sienten nuestros visitantes debe ser protegida ya que les provee una fantasía importante en la que escaparse”
Un parque de atracciones, aparentemente inocuo, es pues el único lugar del mundo del que no se verán fotografías de Taryn Simon.

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 Sucedió hace dos o tres días en la playa de Somo, cerca de Santander. Un recluso gallego de unos 50 años disfrutaba de un permiso carcelario. Le dieron un fin de semana libre. Llevaba una buena temporada en la cárcel por tráfico de drogas. El fin de semana le debía acompañar algún tutor que le impidiera delinquir durante el permiso. Como ningún familiar asomó por El Dueso le pusieron un voluntario, un súbdito letón. El preso dijo que lo primero que quería hacer al salir era bañarse en el mar ya que llevaba 11 años sin hacerlo. Y así lo hizo, se compró un neopreno y se zambulló entre las olas. Pero a los pocos minutos el letón se dió cuenta de que flotaba inerte. Se había ahogado.
La noticia me dejó muy frío. Por saber que quienes pueblan nuestras cárceles son pobres diablos con muy pocas luces. Pro saber el daño que hace a los pobres la no legalización del consumo de ciertas drogas. Y porque pocas cosas puede haber más tristes que, en España, donde todo es compañía, te tenga que tutelar un letón; no por su nacionalidad, claro, sino por la ausencia de seres queridos. Las tutelas mercenarias. Ese oxímoron, ese cuento chino de la posmodernidad.

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Lo que quieren los poetas es fijar el instante:

4 Comentarios

  • Anónimo

    cada vez que esucho "everysay is like sunday" de Morrisey me dan ganas de volar esta ciudad de mierda.

    lo de Blasco Ibáñez es algo que me sorprende querido Sarapo. Me hice lector gracias a él. En casa apenas había libros. Pero estaban sus obras completas. las leía en verano, cuando me quedaba solo en aquel barrio de castigo. Al poco tiempo me olvidé de Blasco…hasta parecerme un escritor menor…y sin embargo es por él que me hice lector. Y creo, honestamente, que un buen lector…

    BT

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