Uncategorized

FIN DE POEMA, hoy en La Nueva España

The end of the tour» (2015) es una buena película sobre los cinco días que pasaron juntos el escritor David Foster Wallace y David Lipsky, un joven periodista de la revista «Rolling Stone» a finales de 1996. La película está basada en el libro que Lipsky publicó al respecto en 2010 titulado: «Although of course you end up becoming yourself. A road trip with David Foster Wallace». Lipsky entrevistó de forma exhaustiva a Foster Wallace durante los últimos días de la gira promocional por todo Estados Unidos de su novela «La broma infinita» y tuvo la suerte de acceder no sólo al Foster Wallace social, idolatrado por sus fans, sino que pudo entrever cómo era el novelista de Illinois cuando se aflojaba en la privacidad. En este sentido, David Foster Wallace tuvo un trato deferencial con Lipsky, algo muy palpable en la película cuya primera secuencia nos sitúa en el año 2008 cuando el periodista de «Rolling Stone» se entera del suicidio de Wallace.
En la película y en el libro hay una conversación entre los dos hombres especialmente hermosa. Suele haber poco atractivo en las entrevistas prolongadas pero ésta en concreto es larga y, a la vez, sincera, intensa, relevante y apasionada. Lipsky intuye que está ante la faena de su vida y Foster Wallace sabe que enfrente tiene a un periodista que necesitará contar a sus lectores algo más que su pasión por la televisión o por las pastillas de chocolate. Para hacer saltar la chispa Lipsky acusa a Foster Wallace de haber sido poco honesto con él por haberle ocultado temas como su adicción a la heroína. El periodismo valora las drogas y el sexo sobremanera. Wallace sabe que Lipsky sólo busca un buen titular con esa pregunta, pero frena su enojo y contesta tal vez porque Lipsky le ha convencido de que puede ser un buen portavoz de su desasosiego más íntimo. David FW sostiene que nunca había consumido heroína, que sabe de dónde salió ese rumor aunque no sabe por qué y que no está interesado en el mito del escritor adicto a los tóxicos. Reconoce que durante sus años universitarios una terrible angustia le llevó a beber de forma compulsiva y que usó el alcohol como anestésico. En palabras de Wallace que son como pompas de negro dolor: «Aún no sé qué me pasó. Acabé ingresado una semana en una clínica psiquiátrica. Fue terrible. Sé que a eso antes se le llamaba una crisis existencial. Es muy doloroso darte cuenta de que cada axioma de tu vida ha resultado falso y que no eres nada, que todo es delirio, que eres peor porque no puedes funcionar. Me recuperé. Pero estoy seguro de seguir teniendo esas partes enfermas en mí. No creo que cambiemos nunca pero me esfuerzo cada día para que no me dominen.» Finalizaba el año 1996 cuando David Foster hablaba así. Doce años más tarde, el 12 de septiembre de 2008, se suicidaría por ahorcamiento.
Si David Lipsky se atrevió a pasar casi una semana a solas con David Foster Wallace, el escritor gallego Juan Tallón se encara en su libro «Fin de poema» con los tramos finales de la vida de cuatro poetas que se suicidaron: Cesare Pavese, Anne Sexton, Gabriel Ferrater y Alejandra Pizarnik. «Fin de poema» es la traducción al castellano del libro homónimo publicado en gallego en el año 2012 y con el que ganó el premio «Castro Lueiro». Y es que la escritura tenue, firme, pausada y perseverante de Tallón ha tejido un libro delicioso. Es muy difícil encontrar un registro respetable desde el que connotar intimidades ajenas. Y más difícil aún es mantenerlo durante todo un relato tan proclive a la asfixia. Tallón da con el tono adecuado para hablar con sus poetas porque antes ha visitado virtual y obsesivamente el Psiquiátrico de Pirovano de Buenos Aires donde ingresaba Alejandra Pizarnik; luego se fue a Boston para entrevistarse con el psicoanalista de la bellísima Anne Sexton (gracias por presentárnosla, Juan). Tras dejar Estados Unidos y antes de volar hacia Turín, Tallón se pasó por San Cugat, por El Mesón, el bar donde Gabriel Ferrater bebía Gin Giró hasta caerse borracho antes de volver a su casa a y a su soledad. Ya en Turín, Juan Tallón pegó un rato la hebra con las mujeres que se negaron a compartir su vida con Cesare Pavese, un autor al que siempre le costó más vivir que trabajar. Fue tras hablar con ellas cuando Tallón comprendió de forma taxativa por qué Pavese dejó, antes de llenarse de Seconal en su habitación del Hotel Roma, la carta de despedida más terrible que recuerdan los tiempos. Ésa que empieza: «Vendrá la muerte y tendrá tus ojos?» y que va dedicada a Constance Dowling, la mujer que acabó con el último resuello de vida del atormentado y sensible Cesare.
A David Lipsky no le quedó más remedio que hurgar en las heridas del alma de David Foster Wallace para que éste transformase su dolor y su vacío existencial en palabra hablada. Juan Tallón ha escrito su «Fin de poema» conduciendo en dirección contraria y ha tenido que cuidarse de que los brillos estetizantes de sus poetas suicidas no le deslumbrasen.
Porque de vuelta a su domicilio orensano Juan Tallón puso uno al lado del otro todos sus hallazgos, como haría un arqueólogo que intenta reconstruir una vasija antiquísima en base a los fragmentos encontrados. Y se dio cuenta de que los cuatro escritores con los que disfrutó tantos ratos habían pasado su vida y su obra hablando de la soledad, de sus bloqueos internos para poder crear o de las dificultades para comunicarse con los demás. Y que de una manera o de otra no habían dejado de anunciar su suicidio desde mucho tiempo antes de ejecutarlo. En «Fin de poema» todo parece conjurarse para que el lector acabe pensando que el suicida nace ya muerto, pero su autor no se deja llevar por ese desaliento porque intuye como Primo Levy, otro suicida, que por muy claras que estén las razones de alguien para suicidarse siempre cabe «una interpretación nebulosa» sobre ellas.
Este «Fin de poema» de Juan Tallón es un libro sobre poetas suicidas. Y es un libro sobre el suicidio aunque tal vez el autor no lo pretenda. En «Fin de poema» se muestran de forma detallada, casi como en una «autopsia psicológica» las entrañas afectivas de unos muertos antes de irse de este mundo por su propio deseo. Se agradece que no haya en «Fin de poema» un solo apunte moralizante sobre un acto dolorosísimo que se intenta vincular con la enfermedad mental hasta límites incompatibles con la realidad y con la autonomía del sujeto.
Decía Cioran que «hablar de suicidio es vencer al suicidio» y se agradece que Tallón haya sido valiente para enfrentarse a sus queridos monstruos y en esos momentos. Y que lo haga escribiendo de una forma tan limpia que tras leerle queda en el aire un aroma de silencio y respeto. Y que aporte este texto tan interesante para una mejor comprensión del acto suicida, habida cuenta del escaso tiempo que pueden dedicar ahora la mayoría de médicos a escuchar con calma a los «enfermos que se consumen por dentro». Agradezco a Juan Tallón que, como hizo David Foster Wallace, haya sido capaz de condensar en símbolos, en palabras o en silencios, la gravedad de los sentimientos más fieramente humanos y de ahuyentar esa imagen espuria del «suicidio literario». El suicidio, por más batallas que se libren en su contra , seguirá siendo «el único problema filosófico realmente serio». Lo que no impide que, con el conocimiento científico como único argumento fiable, donde antes se decía «crisis existencial» hoy tengamos que hablar, en la mayoría de las ocasiones, de un trastorno afectivo grave que precisa tratamiento.

16 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *