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PLAYA Y SENTIMIENTO















Al fin, como en la canción de Mecano, salió el sol. Todo sucedió esta mañana, como sin darse importancia. De repente, sin pedir permiso, el sol reinaba en un cielo estrepitosamente azul y alto. Porque el cielo en Asturias está mucho más lejano y más alto que en León, por ejemplo. Y por eso casi no se ven cigüeñas y por las noches apenas vuelan los vencejos. En realidad no sé si un cielo alto es una ventaja o un desperdicio. Pero la perspectiva espacio-temporal es importante en el estado de ánimo. La relación del tiempo y el espacio con el humor fue muy estudiada por los analistas existenciales, como Minkowski, Binswanger, Tellenbach. Era cuando los psiquiatras escuchaban con interés a los depresivos antes de que desde las cátedras dictasen la orden de seguir las estúpidas guías diagnósticas norteamericanas hechas a medida de compañías de seguros pero no de los enfermos.























El artículo de Tellenbach, del año 1956, » La
espacialidad de los melancólicos»
. Tellenbach describió los rasgos esenciales: la
parcialización del espacio vivido hasta el extremo de lo puntiforme; el predominio de la
verticalización de la existencia y por último, el alejamiento que lleva a la pérdida de la
profundidad perspectivística. Casi nada. Vamos que los depresivos graves ven a la gente como si fueran personajes de El Greco; enterrando al Conde Orgaz, supongo. Pero ¿
quién les pregunta hoy por algo de eso? Entre que empiezan a explicarse se te va la mañana…

Por eso, y por culpa de alguna otra droga aún no identificada, yo trato de no separarse demasiado de esta inmensa meseta de agua que llaman el mar Cantábrico, bálsamo del alma. 




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Ojo, yo no soy un inglés flemático de los que se excitan haciéndose pajas mientras se asfixian con la cabeza metida en una bolsa de plástico. Soy de gustos más sencillos y menos raros. Cada vez que quiero hacerme un poco de daño en lo más íntimo, leo fragmentos  de Fernando Poblet, el popular Ferpo, al que vi poco ante de irse al otro barrio en Lanzarote. 
Poblet era ingobernable, un adorable verso suelto que dirigía un programa en la noche de los años 80 que se llamaba «Pabellón de insomnes».  Nos moríamos de risa con sus comentarios caústicos, irreverentes y grandotes. Porque Ferpo, pese a ser ave madrileña, también era asturiano. Hoy recordaba aquella noche que se nos abrió en canal como un adolescente enamorado: «El amor tal vez sea estúpido pero enciende las bombillas del alma cuando están apagadas y diluye la soledad. Cuando se está enamorado hay que volverse loco, fetichista, jardinero, cualquier cosa, hay que buscar una ciencia que equilibre tu insuficiencia. En los asaltos fáciles, la decepción va con la acción pero si amas un cuerpo, un sonido, un olor, desabróchate con temblores de novicio, decía Ferpo in love, porque tus sienes repicarán a gloria, decía Ferpo ateo. ¿Por qué han desaparecido estos grandes amantes del amor de las madrugadas de las radios?  Que yo sepa, en esa línea ya solo nos queda el «Contigo dentro» que hace mi apreciada Celia Blanco en la SER los lunes de madrugada. Celia, la popular Latanace, que no debiera olvidar nunca que el amor sin sexo es cosa descafeinada y que el sexo sin amor no arregla nada. Como repetía Ferpo cada coche, antes de salir da caza en la madrugada. 








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Guía de películas para aprender a SENTIR, para descubrir el placer de SENTIR, el deber de SENTIR. Tal vez fue la primera donde supe que amor se escribe con sangre.












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