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LA PLAYA EST ONDOYANTE

«La vie est ondoyante», escribió Michel de Montaigne hace ya muchos años en su torre cercana a Burdeos. La frase le gustaba mucho a Josep Pla que la repitió escenificándola en la famosa entrevista que le hizo a fondo Joaquín Soler Serrano, siempre que aceptemos que lo que Soler Serrano hacía eran entrevistas y no hermosas selecciones de monólogos de grandes tipos.

La vida es ondulante, cambiante, un tobogán. Así también es la playa y así son los ánimos de los paseantes de esta playa en la que ahora empieza a amanecer. La realidad es cambiante, ondulante. Como es cambiante el espectador que la contempla mientras, bajo la espuma de los días, siempre hay agua, el mismo amor y la misma música desde hace millares de años. Pocas frases hay tan finísimamente contundentes contra la exclusión, la intolerancia, el populismo, la manipulación de las masas que ya explicó Gustave Le Bon. Lo tribal necesita un pensamiento muy simple, mágico, prelógico, pueril. Solo así es posible que en el siglo XXI emerjan delirios nacionalistas, ese disvalor, que según mi compañero Alfredo García sería «una estimación subjetiva que solo pertenece al individuo que lo tiene y que no formaría parte del depósito de valores, o sea, de la cultura». Mientras, una ligera bruma se despega de la piel del mar. Ondulando.



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Ayer tarde, Sabino Méndez en Avilés. Presentó «Literatura personal», su última novela. Sabino estuvo muy bien. Se ha convertido en un erudito. Todo lo que que dijo tenía su interés, su miga. Y como ha vivido mucho y muy intensamente tiene la posibilidad de apoyar gran parte de sus apreciaciones sobre la experiencia personal. Sobre la brutal sinceridad de su pasado, en algunos tramos. Devoto de Nabokov, Dennis Dutton, William James y otros. Pero a Sabino le definen más sus lejanías que sus filias. No es un mitómano. No es un despliegue de afectividad lo suyo. Pocos conferenciantes he visto tan neutros afectivamente.  Méndez está en esa exquisita madurez que da el haber leído mucho, el haberse formado bien y que le apasiona jugar con las palabras. Lean a Sabino Méndez. Ya es.






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Tendremos suerte porque, muy probablemente, ya no estamos a tiempo de nada. Y porque todo esto ya estaba escrito.



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