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LA PLAYA FELIZ







La playa es un vaivén, un ir y venir de arena entre mareas, un continuo lameteo de las olas contra el muro del paseo o contra las dunas. Esta madrugada en la playa hay dos mujeres bañándose. Es temprano. Aún no ha amanecido. Las dos mujeres juegan a mojarse la cara, salpicándose mientras se ríen como alborozadas. De repente, se acercan, se abrazan y se funden en un prolongado beso. El agua aún está fría estos finales de mayo así que salen del mar corriendo y se tapan con dos grandes albornoces. Parece que están celebrando algo. Vaya gelipollez he escrito. ¡Pues claro que están celebrando algo! ¡Cómo no van a celebrar que están enamoradas! ¿Quién podría no hacerlo? 
Las amantes en la playa y yo leyendo a mi apreciada Milena Busquets en una de sus primeras novelas, donde una mujer que no ha llegado a la treintena cuenta su afanosa búsqueda de la libertad, la felicidad y de que lo más le encanta es enamorarse. Escribe muy Milena. Como si llevara haciéndolo toda la vida, desde pequeña, como si hubiese aprendido a escribir en el piano de Mozart, siendo ambos lenguajes, la música y la literatura, tan distintos. A poco que voy leyendo enlazo este texto con la gran novela de Milena, También esto pasará, donde la protagonista supera follando el duelo por la pérdida de su madre. Follar en vez de llorar, en esos momentos, no es nada raro. Otras mujeres lo han contado. Pero esto me importa menos. Me sorprende más constatar que muchas escritoras a la vez que narran sus explosiones amorosas, sus amores apasionados, no dejan de interrogarse por las relaciones con su madre, como si hubiesen sido capaces de ser independientes en todos los ámbitos de la vida menos en la intimidad, en lo más humano. El asunto tiene una importancia capital, decisiva porque sabemos el potencial transformativo, de crecimiento personal que se esconde tras las denostadas «pasiones amorosas que estallan inesperadamente, de modo casi violento», que escribía un clásico. Pero esto no es asunto de mujeres. Pienso en la carta pornográfica con nombres y apellidos que el escritor Emmanuel Carrère le escribió a su novia en Le Monde para que se masturbase en directo ante los 600000 lectores del periódico en Una novela rusa. No fue escribir El adversario  lo que dejó exangüe a Carrère. Fue la onda expansiva de la intimidad desatada de esa historia dedicada a su madre donde nada de lo que se contaba era inventado. En mi pensamiento, cuando Josep Pla en la agonía de su amada Aurora Perea escribió:  «mientras moría Aurora salía un sol radiante», justo en ese momento, supo que él también se estaba yendo. Sí, definitivamente, el manejo de la intimidad, de la verdad, es el gran problema del ser humano occidental.






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El 28 de Mayo de 2017 a las 20,30 horas de la tarde, Alex Gallar nos sacó del infierno. Ni subir a Primera sabrá tanto a bueno.













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