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LA PLAYA ILUSIONADA

La playa luce y reluce. Apenas son las siete de la mañana y hace ya rato que la luz del sol la baña y arranca destellos grises y perlados a la espuma de las olas. La marea está baja y el eco del mar suena, distante, ronco, lejano. Ayer, en la agradable soledad de la tarde, ante unas cervezas,  mientras los campeones de Europa escribían un capítulo más de la historia el mar me trajo una concha que brilla sola.




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Mishima. Me seducen demasiado el suicida japonés y la claridad de su pluma y de su espada.
«La persona calculadora es miserable. Calcular significa tener a la vista las pérdidas a las ganancias. Morir es perder y vivir es ganar. Estas personas siempre eligen no morir: son cobardes. Lo mismo ocurre con los intelectuales: esconden su cobardía y su codicia bajo el intelecto y la elocuencia. Así engañan a la gente. Pero, a fin de cuentas, esto no es importante. Lo que nos importa de verdad es el divorcio entre el sujeto y la idea.»




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La finalidad psicológica de la experiencia pasional no es otra que recuperar el sentimiento y el deseo por el objeto perdido, de recuperar las representaciones, las imágenes, la intensidad de los afectos que, una vez apagados, se han excluido de forma defensiva de la vida psíquica. Otra vez vuelta a la Madre.




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La vida es eterna en cinco minutos. La fábrica, Manuel, unos no volvieron…..

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