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LA PLAYA QUE RÍE

La niebla se ha disipado. El día amanece con gesto de amable. El mar parece un río que fluye constante y tranquilo hacia la playa. Las últimas chalanas merodean la bocana de la ría. La luz del faro le arranca al agua destellos de brillo anaranjado. Aún no han aparecido los primeros paseantes. Es increíble que alguien le dispute el mejor momento del día al primer rayo de la luz de la mañana. De todos es sabido que la verdad se trabaja por la noche y explota en la alborada. Las mentiras se dicen por el día. Eso es de todos sabido ¡Vamos a por la vida¡






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Vuelvo a ver la película, con Viejo Casale al otro lado del hilo. «Ser un hosco luthier, convencido de que ya nadie sacará de él ni una nota. Advertirle a la chica mon coeur est en hivern y que la chica no se muera de risa y la sala no se muera de pena….». Y la amistad, no existe, está muy claro, entre la pasión y la saliva de los besos (Arcadi Espada)  ¡Ah, no es esto la felicidad! 









5 Comentarios

  • Anónimo

    Hoy es mi último día de vacaciones. El fin de semana no lo cuento. Han sido muy provechosas. Un día me hice 3 pajas. Mañana, tarde y noche. La última vez que me hice 3 pajas aún había pesetas. Seguramente significa algo. Durante estas vacaciones he leído lo justo, he escrito lo imprescindible y he comido de menú a diario. Comer de menú económico en bares con manteles a cuadros me sigue pareciendo el rasgo más literario de mi personalidad. Puedo prescindir de los viajes, de los libros, del cine, de la ropa, del amarre en el puerto, del coche, de la moto, del adosado en Marbella, del amor, incluso del pase del VCF; pero no puedo vivir sin el menú de 8 euros. Ese momento lo compensa todo. la emoción cotidiana al elegir el plato del día y el segundo, con o sin guarnición, y el postre, no admite comparación posible. Luego están los complementos: leer los 3 periódicos de la ciudad, escuchar la conversación de al lado, hacer bolitas con las migas del pan y contar el chiste de siempre al camarero de turno. ¿Qué le pongo al señor? Al señor dos velas, a mí un carajillo.

    viejo Casale

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