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LA PLAYA REVUELTA








No siempre la playa amanece de buenas maneras. Esta playa de hoy ha llegado muy revuelta. Las olas se estrellan con fuerza contra el muro del paseo. Orballa. El mar ruge ronco y amenazante. Hay días que no resulta fácil escribir de la playa. El espectáculo es tan violento que me desarma. Como las crisis de los románticos contemplando la naturaleza desatada; los nervios te horadan el vientre, las piernas se contracturan como después de una larga carrera y la frente se va llenado de un  sudor frío, leve, perlado. Hay olas que no deberían llegar con tanta fuerza a la playa. Hay frases que no deben leerse nunca en la aurora. 
Escribe mi apreciada M. «Tu playa abierta, y tu casa como un faro. Tú como Bergman en tu playa sueca». Hay faros que no deben faltar nunca en la mañana. 


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La muerte de Juan Goytisolo. Los periódicos, a dos manos: chicos, grifa, ruina económica, miseria, etc. Un poco así murió Gabriel Celaya, el autor de «España en marcha». Por no decir de los desfiles finales de los hermanos Panero. O de otros muchos grandes creadores. España da pena despidiendo a sus intelectuales. Pero lo de las necrológicas es un espanto.
Con Juan Goytisolo creo que están siendo especialmente lacerantes. Fue un gran escritor, tal vez sobrevalorado por un entorno cómplice y por su propia vanidad, esa bestia indomable. Hasta el justo momento en que las facultades le fallaron y dejó de serlo. En ese momento él supo que también era humano. Parece que el resto del mundo seguía pensando que siempre tendría 60 años.




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Ayer se realizó el segundo examen de la OPE de Psiquiatras-2017. Están en juego 4 plazas. Todas las preguntas y los casos clínicos han sido tipo test y elegidos por riguroso sorteo. Los opositores tuvieron que dar cuenta a un caso cargado de vida y de literatura. Cinco preguntas de test giraron en torno a la torturada vida de Adèle Hugo, la hija de Víctor Hugo. Una historia apasionante contada por la propia Adèle en su diario y llevada al cine por Francois Truffaut hace ya muchos años.
El caso presenta un claro interés clínico e histórico.
Si estuviera de mi mano, yo no permitiría que pasase lo de ciertos países donde ejercen psiquiatras que no saben qué es «El último tango en París». La psiquiatría no pierde glamour por alejarse del psicoanálisis, como dice Paco Traver. Nuestro presunto glamour  se pierde por darle la espalda a la vida y a la calle.

27 Comentarios

  • Anónimo

    Esta ciudad es un infierno. Anoche fue la carrera nocturna y hoy el jodido Triatlon. La cultura del esfuerzo nos está matando. Juan Roig manda. Quiere súbditos. Los quiere deportistas e iletrados. Es la mezcla perfecta. Un deportista iletrado es el consumidor por antonomasia. Nadie habla mal de la cultura del esfuerzo. Es la suma exacta de los desvelos del sistema. El deporte y la mansedumbre intelectual. Lo pienso en mi paseo diario por el infierno que es la avenida de la Malvarrosa. Que no cunda la confusión. Una cosa es la playa y otra la avenida. Son entes paralelos separados por la mano del hombre. Como ya no puedo pasar por el locutorio de Mustafá he de acortar por la calle San Rafael. Lo de calle es un eufemismo. San Rafael es una senda. Huele a pan caliente. Está en el lugar preciso para escribir la gran novela de la ciudad masacrada. Un camino sin aceras, volcado entre solares tapiados con cristales rotos, macerado por la insistencia de las moreras. Con imaginación se intuye el mar. Se huele, se nota, se sabe. Es real. El mar está a tan sólo un minuto. Pero a veces, ese minuto se tensa hasta desangrar por completo el corazón de los hombres. En la calle San Rafael, vieja senda rural que enlaza mundos imaginarios, cobra valor la máxima que condiciona mi vida: todo lo que no es crónica se vuelve literatura.

    viejo Casale

  • Anónimo

    La calle Cavite es una calle frontera. Es el peaje para llegar al mar desde el infierno. Las moreras disimulan la fealdad. La luz ciega. Mejor. Un paisaje devastado exige ciudadanos ciegos. Me gusta esta calle. Tiene la textura de lo complejo. Es tan fea que se vuelve entrañable. O es lo de siempre, la posibilidad inmediata del mar, su inmenso legado de amplitud y libertad. En la calle Cavite hay muchas familias Garaje. Las familia Garaje son familias que apostaron fuerte por tener un garaje en la planta baja. Es fascinante su puesta en escena. En el garaje hacen la paella, echan la partida, pasan la tarde, son felices. En el chaflán del bar Polit tropiezo con el comercial Purazo y Copazo, hombre de mundo. Le digo que mañana empiezo a vender escobillas. Me mira con sorna. Mira chaval, comenta, lo más importante para un comercial que se pasa la semana en la carretera es no sucumbir a los bares de lucecitas. Como entres en esa espiral eres hombre muerto. Ni se te ocurra.
    Me deja pensativo. Bares de lucecitas, carreteras, hombre muerto. Al subir a casa preparo la maleta. Mañana empieza mi nueva vida. He puesto el motocarro a punto y ya tengo los mocasines impolutos. Fundamental, básico, determinante: no ponerse camisa de mangas cortas a cuadros. Son de panoli.

    viejo Casale

  • Juanjomj

    Casi todas las ciudades españolas tienen una calle Cavite. Cavite fue la batalla naval donde España perdió las Islas Filipinas a manos de los USA. Está bien que sean tristes y desoladas.

  • Anónimo

    Soy incapaz de toda grandeza. Todo se me queda en un cuadro pequeño y arrinconado. Viviría de tus recuerdos y de mi indiferencia. Viviría tecleando la textura de los atardeceres. Había un poeta en mí. Un poeta de oscuros propósitos. Se acercaba cada noche a tu portal. Tocaba el timbre de tu puerta. Las lechuzas respondían con retraso de varios días. Una portera cotilla me llamaba la atención. Hay otras calles, otras casas, otras muchachas. También otros rencores, otras vidas, otras maneras de sucumbir. Váyase a la mierda, le respondía. Tenía el don. Lo tenía a raudales. Lo tenía pero no lo utilizaba. Utilizarlo era todavía peor. Me obligaba al exhibicionismo, al reclamo comercial, al viaje de la vanidad a ningún lugar.
    Incluso ahora mantengo expectativas. La gente. ¿Cómo vive la gente? Todo eso que viene a mi cabeza. Esos recuerdos, esa luz, esa repetición sinuosa de vivencias menores. O menores sólo porque fueron residuales, sin eco, incapaces de trascender en un mosaico de virtudes monetarias, cuantificables, morales, estéticas, reales. No hay nada de eso. Hay una música de la futilidad. Anécdotas. Anécdotas que van y vienen. Nada sustancial. Incluso ahora que preparo la maleta y me miro al espejo. Incluso ahora que apuro mi último domingo antes de salir a la carretera.

    viejo Casale

  • Anónimo

    He sacado el motocarro para probarlo. Al pasar por la avenida de la Malvarrosa he visto a Copazo y Purazo apostado en uno de los bares. Me preocupa Copazo y Purazo. Nadie sobrevive a esos bares. Es una espiral autodestructiva. Ha traspasado una frontera. Puede que ya no regrese jamás. Esos bares tienen trampas. Puertas pequeñas que se abren y te empujan al abismo. Copazo y Purazo manejaba pasta. Era comercial de rotuladores Carioca. Su mujer y su hija se fueron hace meses. Creo que conté esta historia en twitter. Pero la conté de una manera irreal, loca, dándole un sentido subversivo y falaz. No conté entonces la verdad. Twitter obligaba al delirio, a la hipérbole, al más difícil todavía. Copazo y Purazo se desliza hacia el fango. Al pasar con el motocarro le he saludado con la mano izquierda. Estaba en la puerta del bar Gascón, con una copa y un puro. A su lado, el célebre pitoniso que un día salió en Canal 9 le gorroneaba un cigarro.

    viejo Casale

  • Anónimo

    Las tardes dominicales frente al mar me recuerdan a Meursault, pero no al Meursault que camina por la orilla y es vencido por el sol. Ese Meursault apenas me interesa. Prefiero al otro, al que aún no ha matado al árabe y se asoma un domingo por la tarde al balcón de su casa mientras la gente vuelve de las playas. Esa visión es mi visión de los domingos playeros: la vuelta a casa a media tarde. Es un privilegio de ciudades con mar. Ciudades canallas y luminosas, donde las niñas de 15 años exhiben piernas interminables y los autobuses de línea viajan a las plazas del otro lado del río. Hasta ese momento, las calles del centro han vegetado entre la somnolencia y el hastío. En cada esquina, un borracho vomita la rabia del verano lejos del mar.

    viejo Casale

  • Catalino

    ¡Quin fille de puta este Rafa! Molt be.
    No nos atrevemos. Sois apabullantes en fase maniaca. Hemos perdido la costumbre. Hace un calor insoportable en la meseta.
    El turno de palabra de la mesa camilla nadie lo abre sin Chema.
    No soy escritor, no doy el tipo; tampoco lo envidio. Me gustaría más ser guionista.
    En este tiempo de playa parada no me ha pasado nada, ni una mala anécdota que contar, que recuerde. Sigo trabajando pensando en cómo lo voy a dejar. Leo mucho menos.

  • Juanjomj

    Es un privilegio de ciudades con mar. Ciudades canallas y luminosas, donde las niñas de 15 años exhiben piernas interminables y los autobuses de línea viajan a las plazas del otro lado del río

    A ver: o somos de ciudades de mar o de ciudades de río. Casale, centra¡

  • cat

    Si no es obligatorio no uso camisa, hay que plancharla y odio hacerlo o que lo haga ella. Como nunca tira nada cuando los puños se rozaban le cortaba las mangas; eran buenas, nada de podemitas de Alcampo. Una parte del armario se fue llenando, hasta 5 o 6 en una percha (siempre acaba haciendo falta más perchas).
    Un día lejano ya me preguntó; le dije que a mi amigo de Valencia, ese con el que como todos los veranos (para que lo ubicase) le parecen de panoli y desde ese momento estaba seguro de que lo eran. Algún panoli gallego pobre las llevará ahora tan contento, supongo, y de marca.

  • cat

    También hay en el armario como una docena de pantalones de tergal. Esos son indestructibles y mantienen la raya desde que era residente aunque te los pongas y ni los planches. Ahí siguen. Aún me valen. No engordé.
    Con la jubilación en puertas y la pensión en los aires no me atrevo a descartarlos no sea que no tengamos ni pa vestirnos.
    ¿Esos de qué son, viejo?

  • Anónimo

    Usted es elegante hasta con mono azul. Las camisas de manga corta son de panolis pero usted juega en otra liga. Puede llevar lo que quiera.

    viejo Casale

  • M.A.

    TheoSarapo11 de junio de 2017, 14:21
    Yo no sé qué hacen Catalino, Terreiro, MA, los Mecaninkong, CH, Loiyirga, la Artabria, Soni y demás, que no están escribiendo.

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    No puedo hablar por los otros. A mí siempre me dio apuro meterme en conversaciones privadas.

    Además de los que nombras, echo de menos a Ana. No sé qué pasó. Un día se fue de la playa, ¿o era TierraLibertad? y no volvió a saberse de ella. Ese es mi sueño. Largarme de las aventuras dirigidas por ordenadores, teléfonos y tabletas; Twitter, Facebook y blogs. De la monotonía vergonzosa de lo que cuento, los mismo actos, las mismas ideas, de la presunción y los sofismas. Esta vez casi lo consigo. El viejo Casale me había convencido: "No es mi mundo, mi trabajo es vender escobillas, Twitter me pone de mala hostia, internet es una pérdida de tiempo", me decía, después de meterse cuatro platos de fabada y un arroz con leche. He juzgado mal su temperamento, confundiendo su gesto, su cara de concentración como resultado de esas preguntas inquietantes que la voz sabia y atormentada de su alma no dejaba de hacerse. Ahora, cuando retrocedo en el tiempo y me acuerdo de aquel instante sé que, simplemente, era un hombre que se estaba cagando.

  • Mercutio

    Qué fascinantes maxisingles ha montado Sarapo, con una cara A en la playa cantábrica y una cara B en la mediterránea.

    En su día (¡1975!), Rod Stewart sacó un discazo llamado Atlantic crossing en el que las canciones estaban repartidas en una fast side y una slow side —leo por ahí que fue una sugerencia de Britt Ekland—. Recuerdo haberme preguntado cuando entonces por qué no se editaban así todos los discos.
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    'Más se perdió en Cavite', dice un amigo mío, usando la ciudad filipina en vez de la proverbial isla caribeña.
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    Vivir fuera de internet es vivir en el error.
    No vas a hablar con un vecino, hostia. O peor: con tus hijos. Menudo panorama.

  • Anónimo

    ja ja ja!! es verdad querido M.A, hubo un momento en la sobremesa en que realmente estaba sufriendo. De hecho, cuando volví al hotel tuve que andar de puntillas para no cagarme encima. Por cierto, que gran fabada, que delicia todo. Sigue pendiente el partido de vuelta.

    viejo Casale

  • cat

    Lo del blog es como hablar con una mujer que busca seducir (y tú encantado) y, en el sentido más inteligente de la palabra, es una grandísima puta sin dineros de por medio. Vienes porque quieres estar con ella. Sabes que le brillan los ojos y está pendiente de lo que hables aprobando con toques y risas cualquier cosa. No Sr. MA, no es una conversación privada. La seducción es tan sutil como pública, con la ventaja de no crear ningún conflicto. Usted espera a Ana, yo a Meca.

    Mientras se hacen de rogar te juntas a tranquilos inteligentes (a ver si se pega algo por aquello de la regresión a la media) con tiempo propio libres del polvo y la paja cotidiana. Los hay que escriben sin contarse (son escritores, oiga) y los que se cuentan sin saber escribir. Esto, y aún mucho más, solo es posible en la web; que al Sr. Casale le de un retortijón es tan rutinario como el venir aquí a pasar el rato, e igual de saludable.

    Ni mar ni río; una ladera rocosa, cantera de granito con radón, donde crece el enebro y abundan los lagartos. Ya me ha dicho que está es su casa y que no piensa vivir ni en verdes tierras gallegas ni playas, solo el tiempo que su piel precise para tomar el color, eso sí, más elegante, de lo que retira la escobilla.
    Ustedes no me van a faltar, verdad. Cuando me acerque habrá alguien. Reptiliano o con motocarro, me da igual.

    Repaso las fotos del celular (qué querencia por la biología) y sí me han pasado cosas. Nadie en la playa, no las recordaba porque no las conté.

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