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LA PLAYA SIN LA LLUVIA

El otoño está siendo muy seco. Apenas llueve. Ayer, por ejemplo, por la tarde, hacía un sol infatigable, de los de «elcidcabalga».
Se está bien paseando por las tardes junto a la playa pero hace falta que llueva. Esta tierra se muere sin la lluvia. Está diseñada para ello, para morir lloviendo. Yendo hacia León, la cosa se agrava. El embalse del Huerna parece una quebrada de Nuevo México: el fondo arcilloso está seco, agrietado, crecen árboles sin hojas… Muy triste. Echo de menos levantar la persiana  y no sentir la lluvia contra los cristales o no intuir las baldosas relucientes en el paseo. Es como si algo muy importante, brillante y hermoso me faltara en el paisaje. Pero el caso es que no puedo irme, no puedo dejar esta playa abandonada. En ella pasan a diario cosas tan importantes que no puedo dejar de mirarla, de tomar de todo lo que veo en ella, en la espuma del mar. Los vaivenes del ánimo, olas que vienen y van…..Hipnotizado, alucinado, confuso y soñoliento avanzo mar adentro entre algas, peces y un rebaño de leones marinos hasta llegar al lugar donde habita una sirena verde que solo se hace visible en las noches claras, sin nubes, cuando el mar se ilumina con el resplandor de la luna llena, como en las películas de Eric Rohmer, el cineasta de los meteoros. En ese momento, como cuando aparece el rayo verde, hay que pedir un deseo. La sirena. El mundo que yo no viva, arca de maravillas….




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Entrevista de Cayetana Álvarez de Toledo a Steve Pinker, en Londres. Llueve a cántaros en Londres y Pinker busca un calcetín. Es un tipo muy sociable y hasta simpático pero en los debates es un tipo aguerrido, peleón. Se hizo muy famoso con un libro hecho a base de retales de muchos otros grandes libros. «La tabla rasa» es un gran libro, de lectura obligatoria. Pero no sé si Pinker es un gran autor o un gran compilador. Me gusta lo que tiene de interpelador de lo intuitivo. Lo que tiene de coriáceo y estructurado en la defensa de sus ideas. Pero no sé si es el tipo de intelectual que necesitan estos tiempos. El titular que le han cosido sobre los progresistas y el progreso me parece muy matizable. No le veo diciendo exactamente eso. Sobre todo habida cuenta de las diferencias entre el mundo sajón y el latino a la hora de explicar que se entiende por «progreso». Pero esto es lo de menos. Me preocupa el circo mediático que le precede. Me preocupa su desconocimiento atroz de ciertos temas. Me preocupa que a la hora explicar los cambios solo hable de «pros» pero casi nunca de «contras». Pero me parece muy atractivo su «optimismo informado», más que racional. Y que su próximo libro se titule «Enlightment», en medio de esta turba de zotes que nos aturde con su constante zureo de majaderías. Me encantaría un debate Pinker versus Gustavo Bueno. La prueba del algodón.

















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