Uncategorized

La venida de la luz

Cada año noto mas la llegada de la primavera. El ánimo se vigoriza y se taquicardiza. Y si me apurase la industria del fármaco, diría que incluso se bipolariza.  Todo funciona mejor ahora, como decía uno de los protagonistas de DESCONECTADOS. Como en un cuadro de Sorolla o de Sert, nos empieza a apetecer tirarnos en la playa con el culillo al aire, con esa agradable sensación de notar como las olas te remojan la piel casi a la par que el sol te va secando. Incluso podría imaginar la mirada protectora de la madre en la orilla vigilando todos y cada uno de mis movimientos mientras hojea el diario. Poco a poco, con los años, uno va perdiendo turgencia y complexión y se va pareciendo cada vez mas a su mejor caricatura. En mi caso, siempre fantaseé con poder ser como Paquito el Relojero, ese personaje de Torrente Ballester en Los Gozos y las Sombras que en cuanto llegaban los primeros rayos de sol de primavera cogía el petate, el caramillo y se iba en busca de su loca preferida que vivía por una aldea de Bergantiños. Pero cuando voy a coger la bicicleta para irme, la maldita primavera me transforma rápidamente en John Wayne, en Ethan, el protagonista de Centauros del desierto. Y ahí me veo diciendo gravemente: «Un hombre solo puede jurar una vez en la vida. Y yo dí mi palabra a la Confederación». Y en mi sueño, me doy la vuelta y camino lenta y reposadamente hacia mi soledad mientras todo funde a negro.

******

Si alguien quiere disfrutar de una larga conversación sobre la diferencia entre los bienes públicos y los privados, sobre la necesidad de apostar por la calidad elitista o por la generalización del saber, sobre la dificultad de las grandes organizaciones para cambiar sus dinámicas internas, sobre la libertad de pensamiento y de cátedra. Si alguien quiere saber con buen nivel de certeza lo que es la vida, vista desde una universidad californiana, que se vea At Berkeley. Cuatro horas de docudrama. A la altura de Inside Job o de Page One. Pero sin tanta épica y con menos glamour. O sea, con mas realismo verité. Del bueno, del que puedes fiarte totalmente. Como el Charolito de su polla.

53 Comentarios

  • Art

    Esto lo escuché por primera vez en el colegio allá por el año 1955.

    “Aquí xace Pepinho do Val que acendeu unha cerilla para ver si había gasolina nun bidón, e habíaa.”

    En este caso la lápida estaba en un cementerio portugués.

  • Loiayirga

    Parece que me tomas un poco el pelo, Sarapo, con motivo de los apellidos vascos.
    Sencillamente, yo veo los dos ángulos. Por un lado participo del buen rollo que la película destila y quiero, como todos, que el crimen de (algunos) vascos contra (algunos) españoles sea historia cuanto antes. Cuando digo historia, me refiero a que no sea algo presente, sino solo algo pasado.
    Por otro lado, entiendo que las víctimas directas del terrorismo no tengan ganas aún de reírse en torno a ese tema. Y entiendo que las viudas reales de guardias civiles no se sientan identificadas con la viuda que sale en la película. Para ella parece que la persecución del “español” en Euskadi no hubiera existido nunca.
    No se trata de que pase de un lado al otro, sencillamente veo la verdad de ambas posiciones.

  • Anónimo

    Lo que cuenta la ilusión es un libro muy recomendable. Aunque sólo sea por averiguar al final del mismo el porqué del titulo.

    BT (todavía colapsado por la emoción)

  • M.A.

    Siempre se termina así, con la muerte. Pero primero, ha habido una vida, escondida bajo el bla, bla, bla, bla, bla. Todo está resguardado bajo la frivolidad y el ruido. El silencio, y el sentimiento, la emoción, y el miedo. Los demacrados e inconstantes destellos de belleza, la decadencia, la desgracia, y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. En otros lugares, hay otras cosas. A mí no me importan los otros lugares. Así pues, que empiece la novela. En el fondo, es sólo un truco. Sí, sólo es un truco.

  • M.A.

    Lo voy a sentir por el Tata. Me cae bien Tata Martino. El tipo parece que pensara y todo, sin los síntomas autistas de su maestro Bielsa. Y me da pena por nosotros, será triste perder a uno que recién llegado retrató en frase memorable al periodismo español.

  • Anónimo

    Lo único importante en mi vida es el Valencia. Es jodido reconocerlo pero sería peor no reconocerlo. Es realmente lo único que me estimula. Es triste, subnormal, muy triste, muy subnormal, pero es la verdad. Todo lo demás son detalles. Para no parecer más subnormal disimulo pero la verdad no admite engaños. El Valencia es mi única pasión.

    BT

  • Anónimo

    Eso es bueno. Si se piensa mucho es que se practica poco. De todas maneras, no por decir las cosas de un modo enfático y ascendente se convierten en una evidencia. Lo cual no quiere decir que haya mucho mediocre follando. No se puede ser excelente a todas horas y en todo momento.

    Las cosas están raras, rarísimas. Imposibles de más raras. Mis partidos de fútbol duran 10 minutos. Paro. Cambio de canal. Vuelvo. Otro fragmento, otra pequeña porción. Lo que pasa es que este deporte que más me gusta ya no me gusta casi nada. Oigo a Sandoval con el mismo entusiasmo que escucho a Rajoy mientras promete un mañana limpio, seguro y frío. Con la certeza de que mientras celebran nos sobreviene otra calamidad.

    Llevo varios días enfebrecido, literal. Con la cara de un niño con sarampión y un bonito collar de manchas rojas alrededor del cuello. Al alcanzar los 38,7 obtengo el punto de delirio para pensar en esas personas que pasaron por mi vida, puede que brevemente. Y ya nunca volví a ser el mismo.

  • cat

    ¡Coño! ¿Quién es el anónimo de arriba?

    Venía a darle las gracias al otro anónimo que dijo aquí, y a no sé bien a qué otra persona que también lo comentó en la tele, cual era el mejorcito de los libros escritos sobre Suárez. No he parado hasta conseguir “Los que le llamábamos Adolfo” y lo he leído en dos tirones; acabo de terminarlo.

    No tengo ganas de meterme con la “graciosilla” banalidad del mal de los ocho apellidos vascos…

    Sobre el asunto sobrevalorado, un día que esté en racha les cuento la descacharrante preparación al matrimonio, sector follar, que me soltó D. Saturio, el ginecólogo del hospital, cuando se enteró de que me casaba.

    Me voy a la cama que mañana curro.

  • Anónimo

    Por otra parte, Messi, aparte de autista es un maleducado. No quiero ni pensar qué dirían en Argentina si un español escupiera mientras suena su himno.
    P.

  • Meca

    Hemos tomado un café en el antro de Terreiro y además visitado la provincia de Valladolid. A pesar de que el barco del Canal de Castilla estuviera averiado, las visitas a la torre del castillo de La Mota completas (debe haber una o dos al día, en plenas vacaciones…) y una fracasada actividad de tirolinas en Pinar de Antequera fantasma, lo pasamos muy bien y nos gustó el viaje mucho.

  • Pepa a fin de mes...

    Hola…me gustó el texto… lo del agua y el sol y lo de caricatura de uno mismo…pero es que con los comentarios…he alucinao… jajaja que gueno…

  • Anónimo

    La parte bonita del Canal es la de Palencia, especialmente el ramal que va hacia Alar. Es ahí donde están las esclusas, puentes, fábricas antiguas, etc. La parte de Valladolid es un canal mondo y lirondo.
    P.

  • Anónimo

    Mi infancia está ligada al Canal. Era a donde escapaba con mis primos durante algún que otro largo verano en Palencia. Montar en bici por los caminos de sirga durante kilómetros y robar guisantes tiernos o tomates era parte de la aventura. La desconocida huerta palentina.
    P.

  • Meca

    Con perdón pero más que canal ye un reguerín, el de Palencia incluido. Luego dicen que los asturianos somos grandones. Sin embargo, una sabe apreciar cuando contempla historia.
    No vimos ningún Terreiro, la verdad. O se pone años en el blog para parecer interesante.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *