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El fin de la minería (IX)

Estuvo enorme Jorge Bustos en su visita a las cuencas mineras. Creo que ha sido el único reportaje sobre Asturias que usa decapatante para rascar la capa de normalidad bajo la que se pretende ocultar el verdadero color de la vida en el Principado de Lampedusa. 

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Porque aquí se siguen desmantelando servicios públicos, cuenta la periodista Cristina del Río en la imprescindible Voz de Avilés.

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Un día para el final de la campaña. Como en los partidos de fútbol aburrido que avanzan cero a cero solo nos interesa el resultado. El nivel de los candidatos ha sido ha sido bastante bajo, casi rasante. Solo los multitudinarios actos de Podemos han sobresalido entre el pastoso magma mitinero. Ahora, al final, ya se dispara a bocajarro, se lucha cuerpo a cuerpo, por una pérgola, por una farola, por una tapa de alcanatarilla, por una tarjeta única, por una acera… En fin, por las pequeñas cosas, que decía Arrufat. Así que a lo mejor entre hoy y mañana es cuando se ventila lo importante.

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La fidelidad a UPD de Fernando Savater llama la atención. Y me parece bien aunque no lo comparto. El autor explica que «en plena aflicción la razón se suspende». La afectividad disuelve la lógica, decía el psiquiatra Eugen Bleuler hacia 1900. ¡Qué terrible debe ser para él esa certeza!  Pobre. Parece que «le duele hasta el aliento». Leer la elaboración de la pérdida que hace es como leer un capítulo más de «Una pena en observación»,  a lo CS Lewis. Pero no creo que para escribir bien haya que hacerlo desde posturas extremas. No lo creo, en contra de lo que dicen Cercas y aledaños. Aunque Savater tiene esa pueril obsesión de ser Umberto Eco y escribir una gran novela. A ver qué ha escrito. Pronto lo sabremos. Gran intriga.

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Conocer el frío que hay fuera del sistema sanitario público, conocer el frío que hace cuando estás en paro, conocer el frío que sientes cuando no eres nadie en tu trabajo…Tras de estas palabras solo puede estar un creyente; nunca un pensante.

10 Comentarios

  • Ártabro

    Antes de empezar la campaña electoral tenía las cosas más o menos claras y prácticamente decidido a quién iba a votar; conforme ésta ha ido avanzando (eso que no la sigo, pero ella me persigue), me he ido convirtiendo en un océano de dudas. Los eslóganes, las frases de laboratorio repetidas hasta la saciedad, las estridencias y la impostura, son tan lamentables, tal insulto a la inteligencia del ciudadano, que mi convicción inicial empieza a ceder y va dando paso al desaliento y la decepción .
    Tendré que recurrir al “Pinto, pinto, gorgorito…” para escoger la papeleta.

  • cat

    Que me ha dicho un pajarito … ¡Felicidades Meca!
    Pues no va mi hijo y se marcha a Oviedo con la afición del Cádiz el día de las elecciones. Enterado que "con mi voto no" pretende un intercambio. Que yo vote lo que él quiere y el suyo, abstención, lo haga mío.
    Recuerdo a mi padre mirándome en silencio por encima de las gafas cuando me veía emocionado en mi juventud con "el cambio," "que funcioné" y esas cosas.

  • Mecanikong

    Oye Cat, lo de tu hijo es muy bueno. Hazlo. Quiero pensar que va de corresponsal, ¿verdad?

    Es que soy una guaja. O como una guaja. O en el fondo no dejo de ser esa guaja que fui. O todos llevamos una guaja dentro.

    Esta noche me emborracho.

  • Anónimo

    La típica intoxicación de final de campaña…"eldiario,es":
    "Esperanza Aguirre y su marido ingresaron un cheque de cinco millones cuando ella era presidenta."

    ch

  • Anónimo

    Esperanza Aguirre asegura que el cheque fue por la venta "de un importante activo" para pagar un préstamo de la empresa de su marido
    El diario ABC pagaba a Esperanza Aguirre entre 2.000 y 3.000 euros por cada artículo de folio y medio.

    ch

  • cat

    Guaja… ¿Según la RAE o tiene otra acepción en asturiano?
    Lo de esta noche me emborracho. Hazlo. No, va acompañando al corresponsal que tiene entradas para él también y parece que de noche no ve bien por un ojo, el corresponsal, y si hay que conducir… ¡Vamos, que se apunta a un bombardeo! He leído que la policía considera ese partido de alto riesgo.

  • Ártabro

    Estoy recién llegado del dentista. Ha sido una experiencia traumática. No era la primera vez, pero nunca había sido como ésta.
    Estaban allí sentados, tras una mesa sobre la que había una caja de metacrilato con una pequeña ranura en la parte superior; eran cinco o seis, alguno sonreía, otros me miraban hoscamente; el del centro, que parecía el que mandaba, me dijo: “¿se ha decido? Elija la que quiera entre todas y una vez extraída le permitiremos depositarla en la urna”. “Oiga”, titubeé, “es que yo…, es que aún no tengo decidido cuál”. ” Pues decídase rápido”, me replicó, “hay más pacientes esperando”. “¿Y la anestesia?, pregunté tímidamente”. “Ja ja ja”, río mirando a sus subalternos; “otro que aún no se ha enterado de los recortes”. Señor, me dijo, ya no hay anestesia para todos; sólo en caso graves estamos autorizados a utilizarla, y el suyo no parece serlo, así que si hace el favor decídase.” “Vale, escogeré una”, dije tanteando con el índice todas las piezas; al fin, después de dudar entre dos, me armé de valor y exclamé: ¡”ésta”! Después todo fue muy rápido; la selección, extracción e introducción en la caja no llevó ni un minuto; me despidieron amablemente y he vuelto a casa.
    Tengo que reconocer que la operación no resultó tan dolorosa como temía, pero ahora, ¡ay, ahora!, ahora siento una gran punzada en el corazón; ¿me habré equivocado de pieza?

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