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DICHOSA PLAYA









Hoy la playa está fabulosamente proustiana, Apenas hay olas y la marea está tan lejana y baja que el Cantábrico parece un lago. El mar y el cielo son de ese gris uniforme que a Proust le encantaba contemplar al amanecer desde la ventana de la buhardilla del Gran Hotel de Cabourg, playa normanda, donde se aislaba para escribir. Cabourg, en la obra de Proust es  Balbec. Un poco más tarde, en unos minutos, entre el mar y el cielo se filtrará un tono levemente rosado. Era lo que a Proust le entusiasmaba. 


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Emmanuel Macron, en Versalles. Ayer, hacia media tarde, un político consiguió emocionarme, tras el cansancio de una mañana deliciosamente agotadora. Yo no sé si Macron es sincero o no. Yo no sé si Macron lo hará bien o no. Lo único que sé es que los mensajes que está lanzando a su nación, y a todos los europeos, están lejos de la demagogia y del populismo. «Ya está bien de negar la realidad. No podemos seguir siendo cínicos», dijo en referencia a la sarta de mentiras que los políticos franceses han vertido los últimos 10 años para ocultar una constante decadencia. Macron llama a la responsabilidad ciudadana, a que cada francés cumpla con su deber para transformar Francia. Por encima de partidismos, por encima de banderas. Y luego, el remate, europeítos que venís al mundo os guarde Dios: «Europa es un sistema de valores humanos, no un mercado». Je vous salue, Macron, «rey sol» en mitad de la grisalla. Lo realmente difícil en la política es referirse a las conductas y actitudes de la gente, encararse con sus derechos pero como dice nuestro colega Fernando Santander, con unos derechos que generan deberes. 




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Tengo que volver a leer periódicos de papel. Ayer, en un periódico atrasado, leo que Polanski ha llevado al cine «Basado en hechos reales», el último libro de Delphine de Vigan, que me ha parecido realmente bueno pese a que lo haya disfrazado de novela. En el prefacio explica porqué ha tenido que hacer pasar la realidad por una condenada y bella ficción. 
De Vigan es, para mí, la mejor escritora del momento. Y lo digo tras haberme sonado los mocos y las lágrimas con «Las horas subterráneas», tras haber reconocido todos los síntomas del dolor del alma en «Días sin hambre», tras haber conocido la real historia de su loca familia en «Nada se opone a la noche», sin duda, su mejor obra, y por la que ha dejado de hablarle media familia y una asociación de bipolares (su madre se suicidó en una fase depresiva y le acusan de fomentar el estigma).  En «Basado en hechos reales» relata su cansancio, el hastío de escribir, la decisión de dejar la vida literaria ante la sorpresa de sus cercanos y sobre todo, de su pareja, que se siente culpable. Espero que Polanski sepa captar el misterio y el sufrimiento de una mujer que se atreve a ser sincera, que va, poco a poco, desnudando el alma y enseñándole al toro el triángulo de Scarpa. En vivo y en directo. No concibo una película que pueda contener tanta potencia emocional como esta que estrena Polanski.




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De vez en cuando, en las reuniones entre colegas del mundo de la cultura, surgen animadas tertulias en las que uno aprende cosas que ni siquiera se imagina que existían. Uno de los contertulios, gente del sur, es especialmente ingenioso y divertido en sus apreciaciones. Me parece asfixiante tal caudal de inteligencia en un hombre tan discreto aunque ha promovido la edición de cientos de buenos libros. 
A menudo hablamos de la creación literaria, de la oposición entre fiction y faction y de otros asuntos así de triviales. A., que se así le llamamos para no confundirle con B.,  siempre esboza una sonrisa gatuna al hablar de este tema. A la tertulia suelen acudir una o dos mujeres, bellas e ilustradas, a las que A. mira desinhibido y resuelto como si mirase a La Pietá, de Miguel Ángel. De frente y a sus atractivos cuerpos. Yo me harto de reír porque A. solo distrae la atención de su pequeño harén cuando oye hablar de un buen libro o de un autor que le interesa. Y siempre interviene para decir dos frases: «Es que no me extraña que escribiese esa maravilla, era cuando vivía con aquella gran mujer que era X….» o, segundo registro, si la obra le es desconocida, no se preocupa apenas por su contenido  como lo suyo es la búsqueda de una teoría de la motivación, lo primero que pregunta, y aquí yo ya no aguanto las lágrimas de la risa, es «¿Qué clase de grandísima hembra es la que duerme con ese autor mientras redacta?». Evidentemente, los comentarios de A. tienen una doble finalidad. Nada en él es naufragio. Por un lado, aprovecha para llenar de lisonjas y piropos a nuestras invitadas, que se quedan arreboladas. La segunda parte de la trama, más consistente y contrastada, pone en relación la creación artística con la intensidad de las relaciones sentimentales: a más amor, mejor es el cuajo. Y esto no es una boutade. No hay más que recordar a Picasso, a Neruda, a Mario Vargas, a Gabo y a tantos otros cuyos nombres me callo pero que son como Gardel, pero follando: «Cada año que pasa follo mejor», me dice uno que canta habaneras al cuarto ron de la mañana. La tesis es sumamente atractiva. Incluso una gran escritora española me reconocía hace poco que nunca escribe mejor que cuando está enamorada. O léase el polvo que se marca un personaje trasunto de Antonio MM con una periodista, tal vez su actual esposa, en «Como la sombra que se va». «Gasolina para cohetes» que diría mi querida Ilsa Lund, bajo un cielo negro y calmo. No es extraño, pues, que A. se pase la vida refutando su hipótesis de que la creación artística va cosida al orgasmo.  Aunque yo soy más partidario de la posición Valmont: él dictaba y ella escribía sobre su espalda. ¿Existe mejor fantasía erótica para letraheridos y gafapastas?


















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Tierra y fuerza.





7 Comentarios

  • Anónimo

    Bajamos a la playa. Hoy hace más calor y hay más gente. Los habituales se dejan ver un año más. Los tenemos a todos más o menos controlados. El señor Wals, la señora Ecce Homo, las fundadoras del club de top less y sus dos escisiones, nudismo auténtico y nudismo tradicional. La señora Ecce Homo se emociona al vernos. Le pusimos ese mote porque se parece mucho a la artista amateur que destrozó el Ecce Homo hace unos cuantos veranos. Es una mujer que destila pesadumbre pero que al vernos siempre se muestra amable y bondadosa. Es inevitable cogerle cariño. Hasta ella misma nos ha dicho que llevaba varios días preguntándose por la parejita. La parejita somos Eva y yo. Será raro el verano en que no la veamos. La lógica dice que no le quedan muchos, pero nunca se sabe. De momento coincidimos y hacerlo es una manera saludable de afianzar pequeñas simpatías anónimas que tejen lazos volubles pero sinceros.
    De momento, lo que más me sorprende es la escisión de las nudistas. El verano pasado estaban todas juntas. Este curso no. Ninguna tiene menos de 70 años. Son delgadas, morenas, de una elasticidad anómala. Desconozco los motivos de la escisión. Son como la Falange. A un lado el nudismo auténtico, al otro el tradicional. Puede que en agosto vuelvan a estar juntas. A veces fantaseo con relatos disparatados. Creo que son las primeras mujeres que hicieron top less en Valencia. Imagino que esa vanidad las acompaña. Hacen bandera de ello. Entre ellas discuten por ese estandarte. Organizan congresos, reuniones, editan folletos que nadie lee. Una historia del nudismo en la playa de las Arenas. Nosotras, las de entonces, ya no somos las mismas.

    viejo Casale

  • Anónimo

    Este año promete el corredor de la máscara. Lleva una bombona de aire en una mochila. Corre mucho y bien. Suscita interés por la máscara oxigenada. No es un runner de nuevo cuño. Hay entrenamiento y método. Le seguiremos la pista.
    Mientras la playa se llena de familias y gordos me veo como una especie de Robert Walser mediterráneo y burlón. De hecho, tengo dos grandes líneas abiertas. O Salinger o Robert Walser. Mi vida debe fundamentarse en esos dos mitos de la literatura invisible. Ser el Salinger de La Patacona tiene su rollo pero quizás me seduzca más ser el Robert Walser de La Malvarrosa. Veremos. Casi al final del paseo coincido con el Peliblanco excéntrico. El Peliblanco excéntrico es hijo de un militar jubilado que en la tarde del 23 de febrero quiso confiscar la gasolinera del barrio. Bajó vestido de militar y dijo que la gasolinera quedaba confiscada. El encargado, un tipo socarrón que medía casi dos metros se le quedó mirando y le dijo: anda, súbase a casa y deje de hacer el ridículo. En esta playa acaban juntándose todos. Uno de los outsiders predilectos, gallumbos con la goma floja y moreno agitanado desde el mes de abril, también trabajaba en aquella gasolinera. Lleva años jubilado. Cuando lo veo me escondo. Siempre me repite la misma anécdota, el día en que el cartonero apodado el Maño quiso quemar el bar Mare Nostrum con una botella de gasolina y una caja de cerillas. Tengo un imán, sin duda. Me persiguen los chalados como en su día a mi padre los plastas. Menuda herencia.

    viejo Casale

  • Juanjomj

    Coño, Rafa: Leautaud era un sucio, Robert Walser, un psicótico y su Instituto Benjumenta la cosa más boba que he leído aparte de Vila-Matas. Salinger, un coñazo que tuvo el detalle de ahorrarnos el sufrimiento de conocerle. Te falta el Club de los Poetas Muertos. Pero tú vales más, hombre. Piensa en Frank Bascombe…. El Bascombe de la Malvacona.

  • Cat

    Mi madre lleva unos días en casa. Va camino de los noventa. Se conserva muy bien y no toma ni una sola pastilla. Aprovecho para pedirle que cocine algo de su pueblo o de mi infancia, es la misma cosa. Son verduras que los gallegos no conocían hasta la llegada del progreso y los mercados. De primero cené morcilla de pobre; es berenjena cortada en tacos (escaldada y escurrida) mezclada con cebolla frita y piñones a lo que se le da un toque final de orégano y pimienta. De segundo un huevo con tomate y pimientos, todos fritos, y una morcilla murciana (no soporto las que llevan arroz). Acompañado con la mejor botella de vino que tenía por casa, esa que se guarda para cuando hay invitados. Mañana apalabrada una pipirrana murciana con lo que queda del vino.
    Escribo para que baje antes de irme a la cama.

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