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PLAYA Y AMISTAD

El buen tiempo duró poco. La tarde de ayer fue espectacular. ¡Cuánta playa! El agua estaba excelente. Es un placer bañarse en una mar batida, que no agitada. Tan refrescante, tan vigorizante, tan  lujuriosa. Lo diré siempre.


Hoy otra mañana gris, llena de orballo. Como en el bolero, el mar y el cielo son iguales de grises. Son días un poco aburridos, lentos, silenciosos, en los que teóricamente podría pasar de todo y nunca pasa nada. Son cielos belgas, del Mar del Norte, de los que Simenon denominaba «cielos color de puré  de guisantes». Deber ser que en Bélgica los guisantes llevan mucho aluminio dentro. Desde luego, lo que no se intuye por ninguna parte es el color de la papaya.


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Leo en un ejemplar de EP atrasado que Mario Vargas Llosa explica el famoso incidente del puñetazo con Gabo. Aquella pelea que al parecer demedió la cultura española. ¡Cuánta pamplina idiota!
De todas formas es interesante la historia de los grupos y de las amistades. La intensidad de las relaciones acaba, muchas veces, abrasando a los intérpretes sin que haya un claro culpable.
Yo pienso en mis mis viejos amigos. Cada vez más viejos y menos amigos. No lo digo por ninguna causa concreta ni por ningún dislate. Solo que la vida tiene tantos cruces, tantas dispersiones, tantos intereses que es difícil mantenerse cercano mientras crece tu admiración  por personas con otros repertorios mentales que te seducen más y a diario. Es una cuestión de narcisismo interesado, al menos, el mío: nos vamos quedando con quienes más se van adecuando a nuestras preocupaciones, a nuestras necesidades de cada momento.
Hablo, mucho, casi a diario, con CJ. Bueno, hablar es verbo que se declina mal en estos días. Guasepeo casi a diario. Hay personas a las que uno no puede negarles nunca nada. Es un placer cotidiano descodificar sus mensajes. Pero nos entendemos aunque suprimamos las vocales. Llevamos hablando desde hace más de 30 años. En mi Juicio Final sé que CJ tendrá mucha culpa en que yo esté hoy aquí haciendo el canelo y enseñando la entraña. Porque apostó por mí a ciegas. Y eso ha seguido haciendo forever and ever.
Yo no creo en la amistad, ya lo he dicho. Y menos aún en esas cosas del afecto y de la camaradería. Pero sí que es cierto que hay muchas personas a las que ahora quiero mucho, intensamente. Punto pelota. ¡Hala! A trabajar.¡Tengan cuidado ahí fuera¡




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Ayer noche, mientras cenábamos unos exquisitos peces de la mar cantábrica en gratísima compañía,  llegaba, de una orquesta lejana este verso que apenas conocía, entre otros cuantos que no recuerdo ahora: «Que te ando extrañando como si hace años que te conocía…..». Y molaba.
No sé qué querrá decir. Puede ser un mensaje en clave. Como lo versos de Paul Verlaine, la Chanson d´automme, que anunciaron que se aproximaba la invasión de Normandía.










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