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SEPTIEMBRE EN MADRID, HACIA 2017

No es verdad que lo que voy a presentar hoy en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid sea una tesis doctoral. O mejor dicho, no es cierto que sea solo una tesis doctoral. La recogida por escrito de una mínima cantidad de datos que pretenden dar cuenta de lo acaecido durante 18 años de mi vida y de la de casi 200 pacientes y sus familias no puede tener cabida en 222 folios. Esto que yo voy a leer hoy es la expresión más concreta de la irreductibilidad de cierto tipo de hechos y, sobre todo, de fenómenos, a disciplinas tan limitadas como las que usamos habitualmente en la investigación psiquiátrica.
Es cierto que esta tesis llega impregnada del espíritu de lucha y cambio de Franco Basaglia. ¡Cómo no va a estarlo! Varios viajes a Trieste me han permitido comprobar que, básicamente, la antipsiquiatría no fue tanto una lucha ideológica, y mucho menos marxista, como una lucha contra la mierda, la segregación, el aislamiento y el abandono al que estaban sometidos los enfermos italianos en los años sesenta. Por no hablar de las prácticas de contención que se practicaba con ellos. En ese sentido, esta tesis le debe mucho a Franco Basaglia. 
Es cierto que esta tesis llega más impregnada aún del espíritu de Bartolomé Llopis Lloret, padre de la «psicosis única», probablemente la única aportación española realmente importante al corpus teórico de la psiquiatría mundial.  Bartolomé Llopis, un olvidado,  no fue un antinosologista ni un nihilista. Creía en la enfermedad mental y es más, estaba firmemente convencido de que el diagnóstico de una «esquizofrenia» era un producto de la ignorancia sobre el verdadero origen orgánico de la enfermedad mental. Pero ante todo, Llopis era un investigador íntegro y no recogió en sus escritos nada más que lo que los datos y su concienzuda observación le rindieron.
No es cierto que Llopis y Basaglia caminen tan lejanos como salen en los tebeos. Yo les he visto juntos muchas madrugadas. Les he visto discutir sobre fenomenología, sobre psicopatología, sobre el bienestar de sus enfermos. Y hace unas horas mientras volvía a casa, en pleno anochecer velazqueño, me he despedido de ellos. y les he recordado que cualquier noche, cuando menos se lo esperen, sale el sol. Nunca hubo una guerra en la psiquiatría como pretender hacernos creer desde hace mucho. La enfermedad mental es única y así lo es su remedio.  Hace unas horas acabo de comprobarlo. He visto caminar y convivir juntos a los distintos. Entre Llopis y Basaglia han escrito estas páginas que ahora les leeré a Ustedes. No hay excusas para guerras ni cuarteles. Y sobre todo, sé que será duro aceptarlo, tampoco para héroes.

















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La marea de mi playa la tengo en el corazón, contigo, chica verde, mi spleen. (Leo Ferré)



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