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Somos tiempo

Enrique Peñuelas Carnicero fue un gran psiquiatra, un buen maestro y un buen amigo. De
su magisterio, construido desde la observación  minuciosa de cientos de pacientes, pueden dar cuenta varios
discípulos entre los que me cuento. Pero no quiero extenderme sobre la faceta
profesional de Enrique porque ya habrá tiempo y lugar para analizarla con más
detalle.  Además, pienso que el
psiquiatra Peñuelas está excelentemente retratado en la mágica secuencia
inicial de DESCONECTADOS, la película documental que rodó en el año 2010 con
Manuel Gómez Pereira y Ana Amigo para dar a conocer los equipos de Tratamiento
Asertivo Comunitario. Pero mas aún que en su valía profesional prefiero
recordarle en su valía como persona coherente, competente y reflexiva. Y sobre
todo profundamente optimista ante las adversidades y las injusticias.
No en vano Robinson Crusoe fue siempre uno de sus mejores compañeros de viaje.
Por eso he elegido para despedirle un poema titulado «Lágrima miserable»,
del genial poeta recientemente desaparecido Félix Grande, que refleja, de
alguna manera, esa faceta de su carácter:
«Nada puede sembrarse en una lágrima. Puedo ver como llora un
siglo sobre el feto del otro y como lo acongoja y lo gangrena. Nada puede
sembrarse en una herida. Todo en ella se pudre. Pus es el fruto del mejor
rasguño.
Vosotros, los que habláis del beneficio de los sufrimientos
¿imagináis la humanidad reuniéndose en las calles, cotejando sus cicatrices? ¿Os
imagináis la humanidad rumiando su dolor como a una mala hierba umbría? ¿Y esas
imágenes os parecen solemnes? Puedo opinar que cuando dos se juntan para llorar
rejuvenecen a la vejez de su miseria. No avanzan: se pasan uno a otro la
antorcha que encendió la primera desgracia. No se ensanchan: se aíslan. Pues
antes han corrido los visillos de la ventana.. Algo hay cierto en el llanto:
produce vergüenza a su autor.

Sueño algo mejor que esa vergüenza para después de las
cenizas  de todos estos siglos
descompuestos. Sueño seres futuros cuyos recuerdos no sean, de ningún modo,
como los míos. Sueño un día en que los antropólogos redacten un informe sobre
nosotros comenzando con estas espléndidas palabras: «¡Qué espanto, qué
espanto¡»







ENRIQUE PEÑUELAS FALLECIÓ EL DOMINGO DÍA 16 A LAS 17 HORAS DE LA TARDE.
HASTA SIEMPRE, ENRIQUE. GÁNALES AL MUS Y A TODO¡

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