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Una gota de lluvia

De vuelta a casa. Y es que como por ahí no se está en ninguna parte.  Los dos o tres días de atontamiento de rigor hasta ponerse a tono. Y el ánimo como para cantar flamenco. Visitar una ciudad tan activa como New York, que nunca duerme, y volver a esta charca de agua estancada para oir croar a los sapos. Lo mío viene siendo como lo de los salmones: Si no subo río arriba cada cierto tiempo  me voy agotando. Comienzo a sentirme como un personaje de esos tan absurdos que decoraba Samuel Beckett, gente carcomida por la necesidad de narrar todo lo que veían con la única intención de que les hiciera compañía a ellos mismos. Según Miguel Torga, el gran médico y diarista de Coimbra, Beckett fue el único autor que se atrevió a escribir de cara al futuro que la desesperación del ser humano era tal que ya no había palabras para nombrarla. Torga, que hacia mediados los años ochenta, un primero de año escribió: » Un paso más en esta lucidez despiadada y ya no podré hacer pie en la vida».

37 Comentarios

  • Anónimo

    No es Lisboa pero está muy cerca: Sintra, una ciudad espectacular. Parece que estás en Luxemburgo o algo parecido, pero muy decadente. En Lisboa cualquier sitio: coge un tranvía que te lleve a la parte alta de la ciudad. El 28 pasa por algunos de los sitios más bonitos de la ciudad. Merece la pena.
    P.

  • Anónimo

    Hay unos cuantos periodistas palmeros del poder y otros tantos políticos lamentando que las asesinas no sean las adecuadas. Qué país.

    Y no llamo gilipollas al barbitas y apellido de Siglo de Oro porque al paso q vamos me acusaran de yijadista.

    M.A.

  • Anónimo

    Si es el mismo barbitas con apellido de Siglo de Oro que yo pienso, le diré que los de la trama Gürtel le pagaron las comuniones de sus hijos. Es un impresentable al que conocí cuando era más normal, hace un porrón de años.
    P.

  • Meca

    Venía en la promoción de con una pista más un kilo de marihuana regalamos la segunda pistola.

    Es que ya vamos por la T2 de Breaking Bad. Es la pera.

  • M.A.

    La chica es una teleco. Con todo el respeto, no estamos hablando de una encofradora, periodista o médico. Conozco un par de brillantes médicos que abandonaron en 1º de Minas. Si Minas ya era la hostia, Teleco es la rehostia. Dicen ahora que es una psicópata. Ni idea. Pero no es ahí donde quiero ir. Detrás de ese asesinato asoma la verdadera España, la del enchufismo y los caciques. La auténtica, esa de la cual no quieren hablar. La que te dice que el esfuerzo, la fatiga, la inteligencia, la constancia, de nada servirá si no tienes la bendición de La familia, del Padrone. Así superes fiebres amarillas y malaria.

    Una caída en desgracia en León.

  • cat

    Estas cosas me llevan siempre a Horacio y a lo que aprendí en el bachiller:
    A) Para carrerón no llego.
    B) Aureas mediocritas, carpe diem quam minimum credula postero y parvo vivere.

    ¡Voy bien, como España! Pagando impuestos por tres casas, …, sin robar y comiendo en casa.

  • M.A.

    Estoy de acuerdo, Meca. Estudiar un carrerón sólo demuestra que tienes cabeza para estudiar, nada más. Conozco a unos cuantos que entran en su definición.

    Cuanto más se lee de esta historia más se ve esa España de la que hablaba, donde la vida de las personas depende de los contactos y las decisiones arbitrarias del cacique de turno. De ahí que me llamara la atención: la hija es una teleco. Unos tipos a los que en cuarto de carrera les empiezan a dar clases para saber rechazar ofertas de trabajo. O, al menos así era. Me hago viejo. Si aquí no hubiera un asesinato sería un episodio menor, común y vulgar en cualquier Diputación española. Si hasta nos reímos con los 4 porteros por puerta de la Diputación de Orense, o la imposición del Gobierno gallego para construir la Ciudad de la Cultura de Galicia en una cuarcita rosada que, oh casualidad, venia de una pequeña cantera situada en Ortigueira que, oh recasualidad, era propiedad del alcalde de Ortigueira que, oh coincidencia, era del PP.

  • Anónimo

    Buenooooo

    Durante muchos años, el derbi fue una quimera. Mientras el Valencia competía en Europa, el Levante acumulaba metáforas. Sobre esa realidad innegociable se forjó el destino de ambas entidades y su asimétrica manera de traducir la vecindad. Con el tiempo, el club granota mutó en género literario y el Valencia adoptó el rictus de Elisabetta Colonna di Reggio en «La Gran Belleza»
    El Levante tiene una historia de 4 tomos donde prevalece la poesía sobre el palmarés. En esa historia se cuentan dos historias. La del Levante y la del Valencia. Lo que siempre ha hecho singular al Levante es el Valencia. Al Levante, toda su mística portuaria y clandestina se la sostiene la vecindad con el club de Mestalla. Sin el Valencia, el Levante carecería de sustrato melancólico más allá de la tradición gimnastiquista. Con el Valencia de vecino el granotismo ilustrado se ganó la potestad del relato. A lomos de ese relato el Levante ha crecido en los últimos años. Ha construido una novela creíble que salta de los callejones olvidados del barrio del Carmen a las avenidas luminosas del Ensanche. Han logrado lo insólito, que haya camisetas blaugranas en las terrazas de Marqués del Turia. En esa mezcla de novedad y rebeldía reside la gran victoria levantina. La sola disputa del derbi es su gran triunfo.
    Para el Valencia en cambio, el derbi es un trámite incómodo. Siempre lo gana el Levante. Si gana porque gana y si pierde porque evidencia grietas en el paternalismo xoto que ya no mira con sorna hacia Orriols. Objetivamente al Valencia no le interesa el derbi. Le obliga a pensar variables que nunca creyó factibles. Al Valencia le pone mirar a Europa, fastidiar telediarios, ganar ligas cada 30 años. El Valencia siempre fue su proyección exterior. La rivalidad urbana le desconcierta. Es un club con vocación hegemónica y representativa que siempre antepuso el fútbol a la metafísica.
    Con la ventaja granota en el ámbito de lo poéticamente correcto, al Valencia sólo le queda el fútbol como terapia y respuesta. Lo sentimental no cuenta. Lo ideológico tampoco. Lo sentimental y lo ideológico son construcciones personales que suelen derivar en historias lacrimógenas. Y al fútbol, es importante decirlo,le sobran hipérboles y trascendencias. Albert Camus no tenía razón. Si algo no enseña el fútbol es precisamente moral.
    Futbolísticamente, la tan cacareada adversidad granota es una adversidad diesel al lado de los psicodramas con los que el Valencia va tejiendo su mística de finales perdidas y expectativas fracasadas. En el fútbol de élite mandan las expectativas. El Levante ha vivido casi siempre de espaldas a ellas, aferrado al milagro de la supervivencia. Su gente todavía vive bajo esa efervescencia. Haber sobrevivido le otorga al Levante un carácter contradictorio porque realmente carece de recorrido en la élite y todo le parece bueno. Al Valencia la supervivencia nunca le alteró pero ha conocido sistemáticamente esa gran verdad de que el fútbol da más disgustos que alegrías. Por supuesto todo es opinable pero quizás sólo haya derbi de verdad cuando el Valencia sienta el vértigo de la supervivencia y el Levante la voracidad de las expectativas.
    (A la memoria de Salva Regües, con respeto y afecto).

    R. L.

  • Meca

    La nota para entrar en medicina es un despropósito. Todo dieces y siempre. Ya me dirán. Será que buscan que se vaya a una universidad privada el que pueda. Desde luego, los que entran en medicina ahora estoy por apostar que la mayoría pueden con teleco.
    Yo entré en el 91 con un ocho de media entre colegio y selectividad. Ahora piden más de nueve, creo.

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