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Una primavera en Mallorca (I)

Con los dolorosos y mágicos diálogos de HER, formidable drama sobre el amor en nuestra modernidad, revoloteando en la cabeza salimos para Mallorca. Nunca había estado en estas islas mas allá de unas horas. Supongo que el exceso de información sobre destinos turísticos y la frecuencia con la que se oye hablar de viajes acaba sumiendo en la desesperante igualdad a Deiá con Thailandia o con la costa croata, lo que es algo bastante injusto. El caso es que no me esperaba una tierra como la que me he encontrado. La isla de Mallorca, al menos lo que he podido recorrer en cuatro días, es una panoplia continua de luz y de rincones maravillosos y excitantes como solo creo haber visto visitando el Gran Sur californiano
Tenía ganas de conocer Valldemossa. O mas concretamente, la Cartuja de Valldemossa, el lugar donde vivieron su amor apasionado el compositor Chopin y la escritora George Sand. Viendo la tristeza y extrema frialdad de aquellas celdas monacales pienso que solo la pasión que desprende el «amor romántico» puede hacer soportables ciertas estancias. Y la Sand y Chopin lo lograron, al menos algunos años. No he podido por menos que leer Un invierno en Mallorca, la frenética, documentada y taxativa anotación que George Sand hace de aquellos meses de 1839 en los que ambos amantes huían del rechazo y la ignorancia de los palmesanos atemorizados ante la contagiosidad de la tuberculosis del compositor polaco. Es un excelente relato. Muchos periodistas deberían leer esta joya de la literatura de viajes para aprender a contar las cosas usando datos contrastados, sujetos, verbos y predicados. Y a unos cuantos estudiosos del estigma les vendría de perlas para constatar como se puede ahogar al débil tratando de ayudarlo.

El cine ha dado cuenta en varias ocasiones de esta verdadera historia, epitome del ideal romántico. De todas las George Sand que he visto, me quedo con Judy Davis en Impromptu. La Sand no podría haber sido de otra manera, ninguna otra actriz hubiese podido fumar con tanta soltura esos purazos…. Y Jaime Camino hizo mucho daño al turismo cuando eligió para hacer de pianista polaco a un joven espigado llamado Enrique San Francisco.

*****

En Asturias, nueva tragedia marinera. Otros cinco muertos en el naufragio del Mar Nosso. Y leo el titular con un sobresalto: La hermana de uno de los marineros fallecidos sufre una crisis de ansiedad en el tanatorio. Y el relato de Martínez y Amoedo, desde Portugal:

«Pocos minutos antes de que diese comienzo la misa, en el interior de la iglesia se escucharon los gritos desgarradores de una mujer. Se trataba de la hermana del fallecido, que lloraba desconsolada y necesitó salir durante unos minutos. Ya en el cementerio, la familia entera, con los tres hijos del marinero al frente, rompió a llorar cuando el ataúd fue abierto para que se despidieran por última vez. La mujer de Américo dos Santos salió del cementerio acompañada de dos familiares. Allí, abrazó a cada uno de los que fueran compañeros de su marido.»




O sea, ¿ésta es la noticia? ¿ Ya ni esto, que es lo mas humano, soportamos?

56 Comentarios

  • M.A.

    Ya me parecía a mí: Terreiro y Cat se ponen años y centímetros. Como yo a los 18, decía tener 20 años y medir 25 cm.

    La vez que estuve en la Cartuja de tanta agua que caía aquello podía ser Corias.

    Me gustaría decirte algo del intercambio de correos que tienes con Dios, pero no lo haré. Piensa que no viviremos para siempre, piensa que no es buen pastor quien abandona al rebaño, ni por Dios siquiera.

  • M.A.

    Esto con lafoca no era necesario. Nada, para ayudar…

    Querido J:
    Pocos días antes de que se produjera el suceso había acabado de leer la versión final del manuscrito de Sergio González Ausina, Última carta. Quizá recuerdes a Sergio. En aquelFactual llevaba un blog sobre el suicidio, que era un asunto que le interesaba profundamente. Y aunque nuestro Factual fue brevísimo le dio tiempo a dejar escritas un par de notas maestras. Ahora acaba de ultimar un libro que comienza así: «Vivo en un país desértico y ruidoso donde el suicidio se guarda en un armario. No hay mayor novedad. Salvo que esta vez el cadáver corre de mi cuenta. A finales de 2009, trabajaba sobre el suicidio en un periódico digital. Por entonces, mi padre me reveló un secreto: en verano de 1977 su hermano se había suicidado en un tren, tras la muerte sucesiva de sus padres y un diagnóstico de esquizofrenia. Pregonaba la muerte del tabú y resulta que lo llevaba encima». Es un libro grande e infrecuente. Como él, y como sabes, yo también tengo un cierto interés por el suicidio. Un interés, por cierto, que debería ser algo más compartido.
    Dale un repaso a estos números. Una vez que han disminuido tan notablemente los accidentes de tráfico, el suicidio es la principal causa de muerte externa en España. Según datos de la OMS, alrededor de un millón de personas se suicidan cada año en el mundo. El número de suicidas masculinos casi triplica al de femeninos. Y fíjate en estos números en especial: el total de suicidas ha aumentado un 60% en los últimos 45 años. Y en España, donde en 2012 se suicidaron 3.529 personas, ha habido un aumento del 50% en las últimas tres décadas, según datos de la Asociación Española de Psiquiatría Privada. Como ha demostrado Pinker en su último libro, Los ángeles que llevamos dentro, la violencia no ha dejado de disminuir en el mundo. Salvo la violencia autoinfligida, de la que por cierto no se ocupa en su voluminoso y excelentísimo ensayo. Desconozco las causas del crecimiento. Están las obvias del aumento de la esperanza de vida y de una mejor detección de los casos. Pero es improbable que expliquen un crecimiento tan espectacular. Al margen de estas dos objetividades todo es de una gran inestabilidad analítica: el incremento de patología psiquiátrica en la sociedad industrial, el llamado efecto de contagio en la sociedad mediática, la interrupción de los tratamientos antidepresivos… Nada concluyente. El disparo suicida es un gran misterio contemporáneo.
    Este lunes un hombre en Valencia pidió hacerse donante de órganos y después se suicidó

  • M.A.

    Tampoco tengo una explicación clara de mi interés personal. Soy todo lo contrario a uno/a de esos cursis que cuando les dices ah, yo viviría eternamente, hacen un mohín y pronuncian, uf no, qué pereza. Pero, sea como fuere, las noticias sobre suicidios no suelen pasarme inadvertidas. Y no me ha pasado por alto el suceso del Hospital La Fe de Valencia al que me refería al principio. Este lunes, de mañana, entró un hombre de unos 50 años y pidió los papeles para hacer una donación de órganos. Hay los confusos detalles habituales sobre su presunto nerviosismo y sobre el descubrimiento que supuestamente hizo una de las enfermeras que le atendía: el hombre llevaba una pistola al cinto. Parece que coincidiendo con ese descubrimiento el peticionario interrumpió su petición de papeleo para la donación de órganos, fue hacia el baño, entró, cerró la puerta, y poco después se oyó el disparo. El hombre yacía sobre un charco de sangre y no era una novela.
    Las escenografías que elige el suicida suelen transmitir algún tipo de mensaje. Y a veces se trata de letales y ruines mensajes para los que quedan. Es probable que el suicida de La Fe escogiera el hospital por razones vinculadas con su decisión. Pero lo que me conmociona, particularmente, de su final es la intención anunciada de donar sus órganos, finalmente frustrada porque la donación de los órganos de un suicida no puede esquivar los aparatosos trámites legales que implica su forma de muerte. Puede que haya en ese intento de donación un mensaje oculto que tal vez una sola persona en el mundo pueda descifrar. Puede que la única persona capaz de interpretarlo fuera precisamente el suicida. Puede que no haya mensaje, ni siquiera razón alguna: sólo una ocurrencia de última hora, improvisada y banal: dijo de donar los órganos como si hubiera dicho que quería sacarse una muela: prolegómenos del disparo. Sin embargo, querido amigo, y aun escarmentado por mil hermenéuticas vacuas, literarias, yo no puedo apartar mi vista de la imponente contradicción de un hombre que va a destruirse, pero antes implora que quede a salvo todo lo que de él pueda ser útil. Y creo que el fulgor patético de la contradicción resiste, incluso, la explicación psiquiátrica. Es decir, la posibilidad de que el suicida incurriera en alogia (falta de lógica), que es un síntoma claro de algunas enfermedades mentales como la esquizofrenia. Tal vez la mejor representación del síntoma, como me explicó el doctorJambrina, sea la de aquel personaje de La quimera del oro que se empeña en entrar en la cabaña por todos los sitios menos por la puerta. Así pues es probable que el suicida de Valencia incurriera, entre los prolegómenos y la consumación, en una alogia de manual. Pero si así fue, qué sofisticada y hasta qué hermosa diría, si no me tuviera prohibido el menor coqueteo con la zafiedad y bajeza de la muerte.
    Sigue con salud,
    A.

  • Johannes A. Von Horrach

    Como venganza por no avisarme de su viaje, saltándose la preceptiva caña que exige la camaradería nickjournaliana, le diré que todo aquello que usted ha podido disfrutar en sólo 4 días, un servidor lo ha multiplicado más o menos a 14.000 jornadas.

  • ana

    No me ha convencido La noche se llama Olalla de Ferrero. La principal razón es que no llego a entrar en la historia: no me la creo. Es difícil que te enganche la lectura de este tipo de novelas si no hay enigma que resolver. Tampoco me han gustado las continuas referencias a la crisis; rascan como papel de lija: más que contextulizar parecen adoctrinar. Y el final ha sido el remate: cuando ya está todo explicado ¡nos lo vuelve a explicar! Vamos, que no.

  • Anónimo

    No leí "Crematorio", ni nada de Chirbes, hasta ahora. Aquí no sé si hay enigma q resolver, pero desde q aparece el cadáver en el pantano, ya al inicio, la crisis está presente. Me da q es una novela realista; sin esperanza.

    A Terreiro le parece mejor q Crematorio. A Ch no le gustó.

    M.A.

  • Anónimo

    Ya estoy nervioso de cara al jueves. Lo tengo todo listo. Mi mujer dormirá en casa de sus padres. Me encerraré en la habitación y veré el partido solo, sin voz, en pijama. El móvil en silencio. La luz apagada. Sólo así podré verlo. Me he dado cuenta de que si no voy al campo es mucho peor. Quería ir a Sevilla pero me reservo para Torino.

    BT

  • Anónimo

    No entiendo ese empeño de los medios en mentir sobre la relación entre Vilanova y Guardiola. Lo de Telecinco ha sido de vergüenza ajena, como los panegíricos de El País. Pareciera que le deben algo a Pep, que se portó como un miserable. No soportó que Tito ganara la liga un año después de que él la perdiera, y encima con récord. El único que dice la verdad es Sostres: las mujeres de Tito y Guardiola llegaron casi a las manos.
    Menos mal que en Alemania empiezan a cascarle.
    P.

  • Meca

    Esta semana ha muerto un vecino de 35 años dejando viuda y dos hijos de 6 años y 3 meses. Y una viuda guapísima y dulce que está hecha polvo. Una mierrrrrda.

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