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Como esperando Agosto

En sus mejores días esta playa mía tiene un punto de Costa Brava, de litoral de cemento y arena que se llena desde muy temprano en la mañana con turistas que vienen de lejos a comer paella y sol. Y es que hay que aprovechar porque mañana llega un frente frío y dan agua…

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Dos meses tras las elecciones. Y ya como si no hubiera pasado nada. A juzgar por cómo se comportan los cargos políticos o derivados nadie diría que hasta hace tres meses este país parecía condenado a la revolución contra la clase política y bancaria. Bueno, pues visto lo visto, los políticos habituales han decidido que ellos no han sido culpables de nada, que todo este griterío es cosa de cuatro cabezas locas que se irán apaciguando y que todo consiste en aguantar el temporal y no ceder ni un metro, no sea que te lleve la resaca. Pero ¿autocrítica? ¿vacilación? De eso nada de nada. Cuentan con el añadido de que un 90% de los que vociferan están encantados al saber que ¡al fin¡ son Casta. A esta situación, a esta tierra donde casi todo hiede a aguas estancadas, se le llama en cirugía «síndrome del antro retenido». Y a la mayoría de altos cargos longevos, el poder continuado, casi 25 años en el machito,  les ha hecho mal. Me gustaría que todos los políticos tuviesen una especie de contador para cuantificar cómo les cambia el poder, cómo se vuelven de imperativos, de caprichosos y, sobre todo, de soberbios. Aunque no haya dinero por el medio.

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Los días azules de Famara me han traído un inusitado interés por Cuba y sus escritores. Me imagino que sobre todo será por el triunfo de Padura, del que no he leído nada. Llegan a casa los «Diarios», de Lezama Lima. Es la primera vez en mucho tiempo que abro un libro y lo cierro con sensación de haberme equivocado comprándolo desde la primera palabra.

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Ayer vimos Foxcatcher. Una de las películas interesantes del año. Gran interpretación de Mark Ruffalo y de Steve Carell. La película mejoraría si los americanos tuviesen esa capacidad para indagar en las emociones que tanto nos gusta a los europeos ilustrados. Y no hace falta irse al Lido de Venecia para saber lo que remueve el amor callado, sepultado, entre los hombres extraños. ¡Ah¡ Y sale Sienna Miller.

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Ya sabemos quién fue la Tía Julia. Y quién fue Wanda. Y que Patricia era su prima del alma. Pero
¿se sabe quién era la niña mala?

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