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DROGADICTOS (hoy en La Nueva España)

Drogadictos

El relajo en la actitud de la sociedad ante las adicciones y la escasa aportación de las terapias

27.08.2017 | 03:20


Acaban de cumplirse seis años de la muerte de la cantante Amy Winehouse a causa de un paro cardiovascular inducido por un síndrome de abstinencia de las varias drogas que consumía. Tenía 27 años. Su muerte causó gran impacto social. Su aspecto de niña rebelde, desaliñada, con ese peinado tan estrambótico y su mirada casi siempre triste le daban un aire de joven desvalida que generaba una cierta corriente de empatía. Y una voz atercioplada, increíble, inaccesible a los demás mortales. Pese a su faceta de «enfant terrible», con la que aparecía en la vida social, para casi todo el mundo Amy Winehouse era el Jackie Coogan, El Niño, de las películas de Charlot. La revista «El País Semanal» dedicó la semana pasada su portada y un extenso reportaje a recordar a Winehouse bajo el título «Amy, torrente de destrucción», firmado por Leslie Jamison, una de las escritoras norteamericanas del momento, que también confiesa su alcoholismo. El trabajo de Jamison es lúcido y muy emotivo. Elude los tópicos del género, los detalles escabrosos, el sacar pecho de lo hecho, el «je ne regret rien» de la Piaf, porque en la vida de Winehouse hubo poco de eso. Jamison está preparando un libro sobre su idolatrada Amy titulado «The recovering», que saldrá la próxima primavera. La mirada de la fan Jamison sobre su ídolo lleva una fría capacidad para indagar en los abismos del dolor y para desmitificarla cuando se torna necesario. Así, pese a que uno de los grandes éxitos de Winehouse fue su canción «Rehab», en la que juraba no querer rehabilitarse ni ingresar en centros de tratamiento, la realidad es que Winehouse ingresó al menos cuatro veces en ellos, aunque con los resultados conocidos. 

«La sobriedad se me presentaba de una grisura implacable tras haber vivido noches luminosas y disyuntivas? ¿Podía la línea recta de la rehabilitación ofrecer algo equiparable al oscuro y centelleante torrente de la destrucción?», esto se pregunta Jamison. La destrucción: el caballo de batalla de muchos de los adictos que no buscan recrearse en el placer sino irse destruyendo lentamente, con la convicción de que una dosis de coca exigirá una segunda y una tercera y otra? Nadie ha logrado explicar de forma convincente el porqué de ese desasosiego, de ese dejarse caer hacia el abismo sin hacer nada por detenerse. 
Está claro que el sufrimiento no genera por sí el conocimiento, pero si algo sabe un médico es que para diagnosticar al paciente lo primero que hay que conocer es su versión de los hechos. O sea, justo lo contrario de lo que estamos haciendo últimamente. Incluso en el campo de la salud mental, la «fast solution» es lo que impera. La demanda social es tan intensa y exige soluciones tan rápidas que los profesionales hemos picado el anzuelo y estamos intentando darlas aunque sepamos que muchas veces es contraproducente o que sencillamente, como con un enfermo terminal de cáncer, no podemos hacer nada por ellos. «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…». 
Por eso, tal vez por eso, uno se entere más de lo que le sucede a un drogodependiente leyendo a Leslie Jamison, viendo el documental «Amy», de Kapadia (2015), o leyendo el impagable «Hotel Tierra», de Sabino Méndez. 
Lo único que no comparto con la mirada documentada de Jamison es esa tendencia al victimismo final con la figura de éxito: «A Amy la matamos nosotros, la celebridad, la fama?». Mira, Leslie, pues no. No va a ser eso posible. No es posible que los factores del derrumbe vengan de fuera cuando te has pasado el libro diciendo que salen de las entretelas maltrechas del genio, probablemente desde que era zigoto. 
Que la fama tiene un precio es una frase hecha. Nada más. Pero desde luego, un precio mucho más caro tienen el anonimato y el aislamiento, como cuenta Jack Hugo-Bader en su investigación titulada «El delirio blanco», sobre los estragos que han causado en la Rusia reciente las drogas y el vodka. 
Mi impresión es que hemos bajado la guardia en cuanto al consumo de drogas se refiere. Somos más tolerantes pero no más eficaces en cuanto a ofrecer soluciones a quienes quieren salir del espanto. Y un servidor respeta los valores liberales al límite. Pero hay poblaciones especialmente vulnerables a las que hay que mantener alejadas de las drogas hasta que sean capaces de tomar decisiones por su cuenta: niños y adolescentes. Ni su sistema nervioso se ha desarrollado completamente ni han adquirido la capacidad de control para no dejarse arrastrar por las sensaciones placenteras de las drogas. La adolescencia es un periodo de especial vulnerabilidad para desarrollar problema derivados del abuso o dependencia de sustancias. Nunca pesan tanto las obligaciones de la identidad como cuando uno está empezando a cargarlas y no sabe qué hacer con ellas. Y las drogas son, a menudo, una forma de liberarse de esa carga. El adolescente se centra en el presente, no puede proyectar el porvenir, no puede imaginarse de otra forma. Lo quiere todo aquí y ahora. 
¿Y las terapias para salir del averno? 
Releo ahora un viejo artículo del psiquiatra Luis Caballero en «El País». Es del 24 de octubre de 1990. Y casi todo sigue siendo más o menos cierto: los mismos temores, los mismos miedos, las mismas rivalidades profesionales. Los inmovilismos de los lobbies que controlan los procesos de internamiento, el babel de escuelas terapéuticas, la escasa aportación desde la investigación farmacéutica de fármacos realmente efectivos, aunque ha habido avances importantes. Todo esto lo contaba el psiquiatra Caballero hace 27 años. Con los esquemas psicológicos ha pasado un poco lo mismo. A la hora de la terapia, se ha fragmentado tanto la mente que hemos acabado por activar unos módulos y dejar otras partes del cerebro inhábiles. Esto le explicó José Antonio Marina en uno de sus mejores libros: «El misterio de la voluntad perdida» (1997). Casi todas las teorías actuales trabajan con la motivación como base principal del cambio para abandonar los consumos. Pero la motivación no explica el comportamiento. En cambio, la voluntad, que integra toda la modularidad cerebral, no es una facultad del instante sino de la perseverancia, que es lo que nos jugamos en estos casos. 
Pero dice José Antonio Marina que la voluntad tiene mala prensa. Requiere disciplina, es políticamente conservadora y «atenta» contra la creatividad. Así nos guste más o menos, tal vez haya que recuperar ciertos valores para que estén mucho más presentes en el tejido social.

5 Comentarios

  • p

    Quizá ahora que se ha declarado estado de emergencia en USA debido a las muertes por consumo de opiáceos resurja el tema. Necesario es. La droga se ha instalado en la forma de ocio de una enorme bolsa de población. Incluso no como forma de ocio sino como modus vivendi. Los modelos a seguir son jóvenes tatuados que fuman porros desde primera hora. Eso es cool. Muy difícil va a ser hacer que ese modelo de rebelde sin.causa deje de ser atractivo.

  • Anónimo

    Copio:

    Los que me conocéis sabéis que no suelo publicar gran cosa de mi vida, alguna banalidad de vez en cuando. Pero hoy además de haceros saber en qué situación está mi familia, os necesito para que compartáis y publiquéis este escrito para hacer fuerza con el periódico LA NUEVA ESPAÑA y que llegue hasta quien puede solucionar esto. Ante todo os agradezco por adelantado lo que vais a hacer….seréis de gran ayuda.
    Tenemos una hija de 16 años con un trastorno mental, llamado tlp, para resumirlo consiste en la incapacidad de controlar sus emociones e impulsos, que a su vez estos están multiplicados por mil. Desde Noviembre del año pasado ha estado entrando y saliendo del hospital 6 veces, de un mes más o menos cada ingreso. De cada ingreso ha ido degenerando su trastorno hasta el punto de en los dos últimos tener que ser reducida y contenida para no hacerse daño, ni hacer daño a los demás. Está en una situación de descontrol total, a pesar de que nosotros sus padres hemos reforzado lo facilitado por la seguridad social con terapia psicológica como nos han recomendado los psiquiatras.
    Que se sepa también, que si un enfermo mental adolescente, no sabemos si en adultos ocurre igual, requiere de psiquiatra no tiene derecho a tener terapia psicológica, por lo que las familias nos vemos obligadas a sufragar verdaderas barbaridades en terapias privadas. Nosotros tuvimos la suerte de dar con Cristina jurado (EL GABINETE) que además de no aprovecharse de la situación se ha involucrado de manera impresionante y en cierta manera se ha convertido en nuestro bastón, ella está para ayudarnos a cada paso que damos.
    En nuestra carrera sin fondo hemos dado con gente que se desvive por intentar ayudar a mi hija como sea. Hace unos días nos fuimos a la desesperada a Madrid a hablar con la organización AMAI TLP, allí nos atendieron como si fuéramos lo más importante del mundo y se están moviendo para poder abrir puertas en dos centros que hemos localizado, uno en Santander y otro en sierra de Guadarrama, ambos concertados. Si el INSS lo aprueba, la niña será trasladada allí y nosotros veremos un poco de luz al fondo del túnel, pero nos hace ponernos en la tesitura de pensar como sufragaremos los gastos de traslados cada vez que queramos verla, o tengamos que llevar algo porque nos lo soliciten. Tenemos muy claro que haremos lo que sea por verla cada día libre que tengamos y nos lo permitan, sea como sea, pero esto también es para que se piensen que entre todos los gastos que se generan el tener que buscar centros fuera y los consabidos traslados del paciente y de las familias, sería más sencillo ponerlo aquí, mismo en ese centro hospitalario abandonado y olvidado en la zona del cristo.
    Que fácil sería eso…. Pero claro no hay voluntad o negocio.
    En Asturias hay una planta de cinco camas para todos los adolescentes de 12 a 18 años que viven en la comunidad Autónoma. Esta planta está destinada a diagnóstico y estabilización, en ningún caso a medias ni largas estancias para casos agudos con los consabidos tratamientos y terapias. El personal de la planta están muy formados, y tiene un trato hacia los niños increíble, pero muchas veces no tiene medios de ayudar, y menos a mi hija en estos momentos. Ahora mismo está allí ingresada y aislada, mientras el INSS decide cómo ayudarla. Debido a que en esta comunidad Autónoma carecemos de centro de ingreso especializado para ella y para todos los adolescentes que por una causa u otra lo necesiten y lo peor de todo, es que tampoco hay una hospital de día, donde puedan recibir sus tratamientos y a la vez intentar llevar una vida fuera, bajo la vigilancia de los equipos médicos y de las familias, para no tener que verlos marchar y a su vez ellos tener que verse con gente extraña en un entorno para ellos en un principio hostil.
    Solo solicitamos un poco de difusión para ver si llega a quien tenga la patria potestad de llevar la sanidad asturiana y se entere.

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