Uncategorized

LA PARTE PEOR ( hoy en La Nueva España)

La parte peor

Fernando Savater y su último libro: amor o mala conciencia ante una persona enferma en su desvalimiento

Juan José Martínez Jambrina | Psiquiatra 09.11.2019 | 23:28

La parte peor

 Sus ojos se cerraron y el mundo siguió andando….

Le Pera-Gardel

Hace un mes, el New York Times publicó un reportaje sobre los problemas éticos planteados por libros que bajo la cubierta de la ficción reflejan episodios de la vida privada de personas conocidas del autor sin que los aludidos, a menudo seudonimizados, tengan conocimiento de ello. El artículo del NYT se basa en el alboroto que vive el mundo cultural noruego (sí, como Teruel, también existe) desde la publicación de las memorias del escritor Karl Ove Knausgaard. A causa de sus escritos, Knausgaard está afrontando acusaciones de «falta de ética» por parte de algunos familiares o de sus exparejas porque en su luenga obra casi todos los personajes citados aparecen con sus nombres reales. El caso de Knausgaard es el más famoso por su gran éxito de ventas pero hay varios escritores noruegos más frecuentadores de la «reality fiction» que están teniendo que responder a demandas judiciales iniciadas por los protagonistas «ficticios» de sus novelas.

Enternecedores estos noruegos… Parece que acaban de descubrir la pólvora cuando en España llevamos años jugando con la bomba de neutrones. Desde los «Diarios» de Andrés Trapiello, a los nunca bien explicados «relatos reales» de Javier Cercas, a la biografía novelada de Adelaida García Morales que firmó Elvira Navarro, llevamos más de treinta años discutiendo activamente al respecto. Y seguiremos discutiendo. El asunto no tiene fácil remedio porque como dijo Josep Pla: «La intimidad es el gran problema de la literatura». Porque obliga a trabajar con la verdad, con hechos. O sea, con el material que usan los jueces. Por eso los escritores, en general o tomados de uno en uno, prefieren vivir del cuento.

Similares conflictos también suceden en sentido inverso aunque con menos frecuencia. O sea, cuando alguien publica una autobiografía o unas memorias y da la impresión de que ha escrito una ficción.

Esto es, «tout proportion gardée», lo que me ha sucedido con el libro de Fernando Savater «La peor parte» (2019) . Aún siento el frío en los huesos. Tal vez porque Savater es uno de mis autores preferidos esperaba algo especial de este texto.

«La peor parte» es el libro con el que Savater rinde recuerdo a Sara Torres, la mujer con la que compartió 35 años de su vida y que falleció hace cuatro años y medio. Es un libro emotivo, escrito en ese tono coloquial y accesible «tan de la casa» y cuajado de frases delicadas, incontenibles: «Escribía solo para que ella me leyera» o «necesito hablar de ella para que todos los lectores la quieran como yo la quise». También hay momentos de osadía, como los recuerdos de su época de depredador de hombres o aquellos en los que habla de sus flirteos con otras mujeres, sin mayores problemas que los que encuentran ciertas mentes libertinas que se creen que todo el amor cabe en un agujero, como decía el gran Ferpo. Y hay que ponerse firme cuando Savater relata los años de lucha contra ETA y contra los vascos que callaron y asintieron, los años en que les escupían a Sara y a él mientras paseaban por San Sebastián, los muchos años con la cabeza a sueldo en los que convivieron con un tercero, el escolta, en medio.

Pero descontados estos tramos del camino empecé a pensar lo poco que había visto a Sara en el trayecto. Y es que eso era lo que yo esperaba con mayor detalle. Conocer algo más de la persona más importante en la vida de uno de mis escritores preferidos. Unas memorias de amores que crecen sobre la terrible muerte de una mujer de 59 años que afrontaba la plenitud de la vida. Pero Sara no aparecía en los momentos en que la esperaba. Y una vez fallecida, la escena se llenó de Fernando en un duelo interminable. Entiendo que la deformación catatímica del autor influye en los recuerdos. Al fin y al cabo, este es un libro impuesto por el amor de su vida que le pidió que contara al mundo lo que había habido entre ellos. Pero yo no llevo bien los momentos de sensiblería o lo que CS Lewis llamaba » el asqueroso, dulzarrón y pringoso placer de ceder a revolcarse en un baño de autocompasión.»

Sara Torres murió de un glioblastoma cerebral en un proceso que duró cerca de un año con una agonía final especialmente dura como lo son estos casos en los que el sistema nervioso se deteriora rápido y se van perdiendo los sentidos hasta llegar al delirio que preludia el final inminente.

Y me dio por pensar que es un texto que tal vez no esté tan sostenido por el amor (su principal pretexto) como por una cierta mala conciencia del autor respecto a su actitud hacia la enferma en su desvalimiento. Lo cuenta Fernando en algún momento. La mala conciencia tiene poco que ver con la culpa. La culpa arranca de lo que «debí hacer» y la mala conciencia de lo que «debería haber hecho». Esta mala conciencia es algo profundamente humano e inserto en la dureza del agónico dolor de un ser querido. Lo explica muy bien la película «Un monstruo viene a verme» (2016) de J. A. Bayona. Es la cuarta historia de Conor O’Malley, el niño que a punto de perder a su madre reconoce entre llantos: «Quería que todo se acabara. No puedo soportar saber que se irá. Ella me decía que todo iba bien y yo la creía pero no la quería y empecé a pensar en que tenía ganas de que se acabara aunque eso significaba perderla.». Y el tejo, el árbol que le cobija le responde a Conor: «querías que se acabara el dolor, tu propio dolor. Es el deseo más humano que hay. Te crees las mentiras piadosas sabiendo lo dolorosas que son las verdades que hacen esas mentiras necesarias. Has sido valiente, Conor, al final lo has dicho».

Yo no he encontrado en «La peor parte» esta imprescindible secuencia. He leído innumerables momentos de placer compartidos por Sara y Fernando. Pero me falta saber cómo se le explicó a Sara el diagnóstico, cómo quería morirse, quién estaba con ella en su último suspiro, qué hablaron en esas conversaciones que mantuvieron en Baltimore?.Y me sobran sentimientos, como dice CS Lewis en «Una pena en observación», libro canónico sobre el duelo en el que se basó la película «Tierras de penumbra» (1993). «Sentimientos, sentimientos, sentimientos? A ver si puedo sentir menos y razonar un poco más. (?) Tengo la sensación de estar sometido a un deber de fomentar mi propia infelicidad. ¿Qué hay detrás de todo esto? En parte, vanidad. Demostrarnos que somos amantes superiores y no miembros de un batallón de afligidos».

No me ha sido fácil leer «La peor parte». Pero mucho más me ha costado escribir sobre ella. Nunca conocí a Sara Torres. De Savater conozco desde sus aventuras por la ficción a sus magistrales libros de ensayo. Y no. Esta no es su mejor novela. En la realidad, escribe CS Lewis (tan cerca de Dios y tan lejos de Freud) «el dolor enconado no nos une con los muertos, nos separa de ellos».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *