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LA PLAYA FOLLA

Asturias en junio tiene estos colores. Cielos grises, temperaturas que no pasan de los 15 grados, chubascos intermitentes y. en resumen, un fresco general procedente procedente de Galicia, que era como anunciaban la llegada de Franco a esta tierra de vacaciones. Todo esto no impide que hoy el cielo se encapote aún más y que haya que ir con velas por la casa. Tengo un buen amigo, perdón, una persona que es muy querida ( yo no tengo amigos) siempre que viene a Salinas se asoma a la terraza, inspira todo lo que le dan los pulmones, espira sonoramente y dice: «¡Ah! ¡Asturias tiene el clima perfecto para encerrarse a trabajar¡». Sí, como Suecia, le contesto. Pero tiene razón. Con días como éste no queda mejor destino que hacer como los enanitos de Blancanieves e ir silbando al bosque a trabajar. Pero ha sido un placer caminar 10 minutos por la playa, mojar los pies, salir corriendo a secarse. Y al llegar a casa mirar arrobado la concha que brilla sin detenerse.








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«La radio folla» es un película de Francesc Bellmunt de 1986. Es el título en catalán. En castellano se tituló «Radio Speed». Era una de aquellas películas que se estrenaban en los cálidos veranos de los 80 donde todo acababa de nacer y nada acababa de morir pero donde casi todo era una fiesta. «La radio folla» cuenta la transformación de Amadeo, un serio locutor de un programa nocturno de música clásica en un amante apasionado que rompe con toda su vida previa gracias a un bebedizo que por error, el da una compañera de trabajo. Amadeo se lanza a recorrer la noche barcelonesa, una de aquellas tórridas noches barcelonesas de cuando Barcelona era una fiesta y era Agosto y la ciudad la controlaban las putas, los taxistas, los panaderos, los malos estudiantes y los becarios de programas de radio. Tampoco es que la película vaya más allá. Pero a fin de cuentas me gustó volver a recordar todo lo que puede venir con el sueño de una noche de verano.












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También  revisando fragmentos para una charla de » El capital humano» (2013), de Paolo Virzi que cuenta una vida de pareja feliz que esconde una insondable violencia. La esposa silenciosa, una rica empresaria, decide independizarse e iniciar una vida por su cuenta. «Detesto a la pareja. Su hipocresía, su arrogancia», escribe Yasmina Reza en su Felices los felices. 
Y tirando de una de las pocas frases comprensibles de Lacan: «La única culpa de un sujeto es renunciar a su propio deseo». Amancio Prada lo cantaba en «Cáliz»: «Quiero perder de una vez la cabeza, que mi cabeza pierda tu juicio, oler el alma diésel del asfalto y emborracharme hasta que me olviden…»






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La gran noticia de esta playa es que Rafa Lahuerta ha vuelto para quedarse. Escribirá a diario. Aunque sea una sola frase para decirme que esto sirve para algo. O sea, traducido al Lahuerta, que todo es una mierda.



9 Comentarios

  • Anónimo

    En aquellos agostos comprendí lo sustancial. Bajaba al obrador con mi padre para aprender un oficio que nunca sería el mío. Ellos eran panaderos. Yo no. Recuerdo la madrugada en que me pillé los dedos con el tren de laboreo. Serían las cuatro y diecieis minutos. Era agosto de 1986. Estaba a punto de cumplir 15 años. No me enteraba de nada. En la radio sonaba jazz. Mi viejo era un tipo sólido. Silbaba, amasaba, cocía el pan. Sudábamos a chorrros. Yo sólo quería escapar con la bici para comprar el periódico en la glorieta. Ese momento era el mejor de todos. Entonces Valencia era ciudad sin ley y sin turistas. Alrededor del Parterre sólo había putas y un tarado con gorro orejero que vendía chucherías. Fue la primera vez que tuve una aparición luminosa.

    viejo Casale

    • Juanjomj

      Esos años de pastelero troskista… Esas madrugadas recorriendo los figones valencianos donde a mediodía se oficiaría la mejor eucaristía mediterránea: la paella. Yo sé lo que quería la gente de Casale. Y lo que le siguen queriendo

  • Anónimo

    Desayuno en Almar. Sucede algo. Subo al retrete y me tropiezo con un tío haciendo de vientre. Los pestillos se inventaron para evitar este tipo de cosas. Me mira con desazón. Yo agacho la mirada. Por solidaridad escatológica. Después, en la terraza, cruzamos nuestras miradas. Intento hacer como que no pasa nada pero algo queda. Ese algo es un hilo del que tirar. No es agradable que un desconocido te vea sentado en la taza. La humanidad pende de ese desencuentro. Y lo sabes.

    viejo Casale

  • Anónimo

    Intuyo que esto no acabará bien. Esta mañana vuelvo a tropezarme con el cagador desinhibido. Me saluda sonriente desde su mesa. Ya no tiene la actitud pudorosa de ayer. Sin duda, ha ensayado como enfrentarme. Considera que es mejor mostrarse franco, complaciente, jovial. Creo que se equivoca. Nada de lo que haga borrará la penosa estampa del retrete. Es imposible. Cuando me acerco a la barra, el camarero me dice que lo mío ya está pagado. Con una sonrisa más falsa que Mijatovic agradezco el detalle. Desde su mesa, el hombre de la taza agita la mano con suavidad. Es la misma mano con la que se limpiaba el culo ayer. Empiezo a sentirme incómodo. Muy incómodo. Mañana cambiaré de bar.

    Viejo Casale

  • Anónimo

    Hace un rato, a eso de las Diez y diecisiete, he recibido un paquete certificado. No doy crédito. El cagador justiciero lo sabe todo sobre mí. Nombre, apellidos, lugar de trabajo. Sólo al abrirlo he sabido que era él. Dentro había un pequeño librito titulado "Cagar en tiempos revueltos". En la primera página hay una dedicatoria de lo más inquietante: "Me encantaría que fuéramos amigos". También hay un mail. Y un teléfono. Y hasta aquí puedo leer. Me siento amenazado, observado, vigilado.

    viejo Casale

  • Anónimo

    He hecho averiguaciones. El panfleto "Cagar en tiempos revueltos" forma parte de una pequeña autoedición. Sólo hay 150 ejemplares en el mundo. Su autor es Peliblanco Camuñas. No hay rastro de Peliblanco Camuñas en las redes sociales. Sí aparece una pequeña noticia en las páginas de Sucesos de un diario local. En 1988 fue detenido en una redada de pedófilos y chaperos en los alrededores de la calle del Mar. Era adicto a la sodomia fluvial. O sea, le encantaba que lo encularan en el viejo cauce del Turia.

    Viejo Casale

  • M.A.

    ¿Por qué no avisáis, cabrones?

    Hola, Sarapo. Hola, Casale.

    Sarapo, consuélate, ya dijo un poeta que, pensar, en Castilla, es lo mismo que deambular en una cárcel. La cárcel de la Fe y de la Patria.

    (Te debo unos libros, a ver si un día me armo de valor y te los acerco)

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