Uncategorized

LA PLAYA, LA LLUVIA





Al fin se han ido los días grises, aburridos. Hoy el día amanece más animado, alegre, pese a que lleva lloviendo casi toda la noche. Esta lluvia es muy fina, como esa garúa limeña de la que tanto habla Mario Vargas y que aquí se llama orballo. Bueno pues orballa ahora sobre el Cantábrico mientras  veo como comienza a  amanecer por el nordeste, tras el faro de San Juan, entre olas blancas que saltan el espigón y nubarrones negros.
En el paseo la lluvia hace maravillas sobre el reflejo de la luz de las farolas en las baldosas.
El mar, la lluvia, la oscuridad que presagia la tormenta y los lentos amaneceres. ¡Cuánto los quise juntos! que diría Manuel Rivas, cuando vivía en Madrid en la avenida de los museos. Salinas también es chifón de orballo.
Con todo, nadie ha unido la lluvia fina y el verano en una sintaxis tan perfecta como el poeta francés Yves Bonnefoy:


El más querido y no por eso
Menos cruel
De todos nuestros recuerdos, la lluvia de verano
Repentina, breve.



********


Los trenes de la  noche han  traído la resaca del fracaso. Del fracaso de los otros, claro. Del excelso fracaso de unos cuantos.  De los que, a su paso, van dejando el vanidoso recuerdo de sus curricula personales, sombras tristes que se desprenden asqueadas del ala de sombreros caribeños. Pobres. Nada que valga la pena quedará cuando se vayan. Porque para hacer ciertas cosas hace falta cierto altruísmo y tiempo y  trabajo. Y son muy vagos. Entre 5 y 7 años dicen los estudios que tarda la gente en olvidar a quienes se dedican a crear SOLO obras personales. Lentos naufragios. 

Tú me diste el barro y yo lo convertí en oro, escribió Baudelaire, aire, aire, aire….No, pues no es el caso.




*******

El círculo de los objetos, decía alguien que no recuerdo, es el primer deber del escritor. La patria muda que marcará para siempre sus palabras. Las flores silvestres que contemplaron tu primer baño en el mar. De las pequeñas cosas, imprescindibles fragmentos del convivir diario.















3 Comentarios

  • Anónimo

    Acabo de entenderlo todo. Vivo en una ciudad destarifada. La inventó un genio ninguneado por las Españas, Blasco Ibañez. Hemos sido siempre una isla tropical, ágrafa, fenicia. Ahora somos colonia de las franquicias. Hay que rescatar el blasquismo. El blasquismo es nuestro peronismo. Una religión cutre pero salvaje.

    viejo Casale

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *