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LA PLAYA SE HUNDE

Sin novedad en el frente. O sea, sin novedad en la playa. Sigue sin asomar el sol y seguimos bajo «un cielo difícilmente azul», que decía Alfonso Grosso. Unas pocas lanchas siguen buscando calamares. Han estado ahí desde primera hora de la noche. La mar, muy normanda, se crece entre el verde blando de la montaña y el marrón duro de la arena. Me gusta verlos juntos pero demediados por el intenso gris del mar en calma que es uno de los colores que mejor encaja en cualquier decorado. Así, la playa en la mañana.











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Ayer fue un día extraño. Tras una buena mañana a la caída de la tarde comencé a sentirme muy cansado. Me puse a leer. Los libros y la escritura me salvando, me sacan a rastras de este tedio inacabado. Eso, y la caridad cristiano de algún ser humano que ha puesto su mano en mi hombro desconsolado. El artículo de Albert de Paco: «El gremio de los finales infelices». Siempre he pensado que Albert de Paco se pone para escribir muletilla, caireles y alamares. Igual que El Viejo Casale se viste  de Patterson o de Marin Marais, luthier «de todas las mañanas del mundo» cuando se sube en su bici estática para escribir en el portátil. De Paco es escritor finísimo y además, inventó el blog con el mejor título que conozco cuando abrió la «Rumba de la playa libre». Y escribió ¨Libre Directo» una maravilla de gambeteo sobre el fútbol apasionado.
Lo que yo puedo decir al respecto de lo que escribe De Paco es que yo no empecé a escribir para follar. Yo empecé  a escribir para acallar por las noches el dolor por la muerte de mi padre. Como un gran triste. Lo sé perfectamente. Yo estaba en Fuerteventura, en Puerto del Rosario, en una luminosa mañana de vacaciones en la terraza de la cafetería Tinguaro V, un lugar con una vista excelente sobre el el puerto y la primera frase que escribí en una columna para un periódico fue: «En Fuerteventura apenas hay plantas con flores. Aquí sobreviven, sobre todo, la humildad de la aulaga y la boyante soberbia de la tabaiba». Luego, a la semana, vi el cadáver de un negro subsahariano tirado en una playa del sur de la isla. Fue como releer el inicio de «Tormenta de verano», la novela de Juan García Hortelano, un hincha del Atlético. Allí estaba el pobre, arrebujado, junto a un montón de pateras destrozadas que esperaban que alguien les prendiese fuego. Poco pudo saberse de lo que le había pasado a aquel infeliz. Parece que al poco de llegar a la playa se sintió mal. Se paró y cayó desplomado. Se llamaba, nunca lo olvidaré, Samba Jofana. O al menos, eso contó alguien que le conocía. «Samba Jofana» fue mi segunda columna para la prensa, escrita también en Fuerteventura, en el barrio de los Pozos, justo enfrente de la playita de Puerto Cabras donde Unamuno gustaba de bañarse en pelotas en su destierro. La de Samba Jofana fue una de las muchas tragedias atlánticas que ví por aquellos años. Fuerteventura era un gran campo de refugiados. Una solidaria isla que vive de sus maravillosas cabras  y que de repente se llenó de subsaharianos pobres de solemnidad atónitos y perplejos ante lo que les esperaba. 
Pues no, conscientemente nunca he escrito para follar. Soy tan lento y tan lerdo que ni siquiera me hice psiquiatra para eso. Pero comprendo lo que quiere decir De Paco. Yo no soy ni escritor ni periodista. Pero entiendo que trabajar para follar es una de las motivaciones más dignas y respetables que puede tener un ser humano. 




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Leo a Manuel Vilas en «El Hundimiento» y se me derrite el alma que habita este cuerpo indoeuropeo que reclamo como mío. Y me siento rehén de cualquier verso, de cualquier idea, de cualquier miseria, de todas sus derrotas  y de todos sus desencuentros: «Gente que no comía por no comer sola». «Beso todo acabamiento humano.»




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Madrugar e ir a trabajar orienta en la vida. Es verdad que te amo.

3 Comentarios

  • Anónimo

    Excelente entrada. Yo creo que Pepe Albert de Paco es un escritor maravilloso.
    Por otro lado el tema es interesante. Yo follaba más antes, cuando no escribía, ni publicaba en prensa, ni tenía un libro editado. En realidad, yo empecé a escribir por mi madre. Para que no pensara que era un absoluto desastre. Lo sigue pensando, pero un poco menos. Creo.

    viejo Casale

  • cat

    No sé escribir y hablar solo a veces; cuando mejor hablo es para follar, era.
    Leer aún sigue siendo el mejor ansiolítico.
    Ayer y hoy las tormentas llenaron de agua y granizo cielo, tierra y asfalto.
    Empiezo vacaciones después de meses de continuo trabajo agotador. La esperaba e hizo su aparición, la jaqueca fin fiesta.
    Agenda abierta un mes.

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