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LA PLAYA SE REINVENTA

Ahí sigue la playa. Tranquila, hospitalaria, embebida en sí misma, muy descansada. Como es sábado ya han pasado los primeros corredores muy temprano. Hace casi una hora que hay gente dando zapatilla en la playa. Hoy volveré a correr, tras un par de meses de parón por cansancios varios. Hay un par de maratones a la vista a la vuelta del verano. Hay que seguir creciendo, nunca debemos conformarnos con lo fácil, con lo que tenemos controlado. En días como hoy debemos pedir explicaciones al mar por todo lo que se ha llevado. En especial por la mujer que anoche paseaba descalza y sola por el borde del agua. Era luminosa y clara, como el aire de las olas. Se fue con el sol. Para mí que el mar se la tragado. Así que ahora, ferraterianos, hay que recuperarla: «Arañemos la arena, ladremos al mar, al disfrazado».










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Me encanta Manuel Vilas. Me encanta su «América», su «Lou Reed era español», su «España». Me encanta su salida del abismo del alcohol por la vida del desistimiento. De un desistimiento tranquilo donde late una salvaje pasión por la vida, por una vida más libre, por una vida imprevista. Y ese colofón, tan taxativo como el acto final de Macbeth: «Reinventarse es uno de los mayores placeres que puede concederse un ser humano». Lo grande de Vilas es que, desde la «reinvención» conecta con Freud, con Viktor Frankl y con las psicoterapias que intentan guiar los desastres humanos. ¿Qué otra cosa hacemos con el paciente que no sea ayudarle a reescribir su historia vital para liberarle de la culpa y de los corderos que por la noche balan sin descanso, querida Clarice, lujuriosa paloma volteadora?
Ya lo decía Fernando Poblet en las calurosísimas noches de los años ochenta: «En la vida hay que reinjertarse de vez en cuando. Y ver qué sale. Y sale con barbas, san Antón. Y si no, La Purísima Concepción».




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No. Definitivamente no puedo ser como el Viejo Casale. Ni un solo día podría yo ser Salinger. Y mucho menos Robert Walser, buscando la ausencia como destino en sí mismo. Tal vez porque no soy un hombre que duerme.




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E  per ché un uomo debe diventare adulto…?





11 Comentarios

  • Anónimo

    "Decía Fernando Poblet hace muchos años que de vez en cuando hay que saltar del rosal y reinjertarse en otra planta. Y a ver qué sale…." Eso ya lo dijo usted en el "Adiós a la playa" dieciséis meses atrás. Se va, se viene, se repite.

  • Anónimo

    don Juanjo, cuando se pone en modo sobre de azúcar, me empalaga un poco. Lo siento. Reinventarse es una paulocohelada que ya cansa. Uno crece, cambia, envejece, se envilece, se despista, vuelve a intentar contar la historia de siempre: a veces la mejora, otras no; pero nunca se reinventa. Los recuerdos son los de siempre, las heridas son las mismas, los amores suben y bajan, los kilos pesan y los años suman. Se sale de abismos y se entra en periodos de calma. Uno se calla, por hartazgo. O habla, por incapacidad para callar. Pero uno no se reinventa. Es imposible. Creo.

    viejo Casale

  • cat

    Reinventarse lo dudo mucho, más bien caminito de la caricatura, pero injertos llevo unos cuantos; a bote pronto y bien prendido el móvil es uno de ellos e internet es ya tronco. Si me veo la coronilla brillante, malditas fotos, pienso en implantes; luego se me pasa. ¿Se imaginan al boss con melenas? ¿O a Casale con un Ibiza?
    Vuelve a llover, parece otoño.

  • Juanjomj

    Querido Rafa: reinventarse es posible. Solo hace falta corregir errores cognitivos, deshacer engaños, perder el miedo, desatar el orgullo o entregarse al deseo. Hágalo unos meses y después me cuenta. Es posible el cambio.

  • Anónimo

    homgbre, homgbre….eso no es reinventarse, eso es soltar lastre.El orgullo es banal y el deseo va por épocas. Un cortado en la terraza del paseo lo alivia casi todo. Yo necesito el miedo. Es mi gran dique de contención. Los engaños no se deshacen, se acumulan. Y corregir errores es necesario. Por ejemplo, no ir dejando damnificados por ahí. Hay quién se lo ve hecho pero no es mi caso. Si hiero conscientemente sufro.

    Rafa

  • Juanjomj

    Rafael, herir o no dañar, mentira o falsedad, son cosas distintas. Hay temas que necesitan una máxima individualidad. Cada situación de ese tipo tiene su moral. Y cada moral su verdad y sus patrañas. Le doy la razón en un cosa: que no falte nunca la delicadeza.

  • Anónimo

    El orgullo es banal, por eso provoca guerras.
    Y para eso se inventaron las pajas, para liberar el semen retenido. El onanismo es la respuesta. Como siempre. Tres al día cuando uno está muy alterado y después al cine, a descansar. Bona nit querido.

    Rafa

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