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Porque él era él, porque yo era yo (hoy, En LA NUEVA ESPAÑA)

Repaso a la bibliografía de Arcadi Espada en su 60.º cumpleaños

04.06.2017 | 04:24


Por pura casualidad, en el año 2002 compré un libro en catalán firmado por Jaume Boix y Arcadi Espada que se titulaba «Mens sana in corpore insepulto». Era un libro de conversaciones con el psiquiatra barcelonés Mariano de la Cruz, del que yo tenía excelentes referencias por mis maestros madrileños. Eran tiempos en que los genios mesetarios buscaban refugio en el regazo de los amigos catalanes que vivían en un oasis «allende el yermo ibérico» creado por el franquismo. Mariano de la Cruz debió ser un personaje fascinante. Murió en 1999. Pero lo que me llamó la atención de ese libro fueron estas frases del capítulo final que siguen siendo válidas 15 años más tarde: «Si Mariano de la Cruz fue un gran psiquiatra se debió a una virtud que va desapareciendo: escuchaba como nadie. Siempre fue un pragmático y un hombre de su tiempo y no tuvo inconveniente en incorporar las pastillas a su arsenal de escepticismos. Pero lo que no aguantaba de la civilización del Prozac es la boba mudez a que condena a sus súbditos». 

Me quedé paralizado ante la intuición y la capacidad de síntesis de aquel par de periodistas que acababan de biografiar a Juan Antonio Samaranch en «El deporte del poder». Y revisando las biografías de ambos, resultó que Espada ya había publicado en 1997 un libro titulado «Contra Catalunya», un formidable alegato contra la irracionalidad de los nacionalismos y la profunda grieta que abren en el sistema que nació con la Revolución Francesa al liquidar la básica idea de igualdad entre los ciudadanos. Eludiendo la novela y sus predeterminaciones, que decía Breton, podríamos decir que el periodista Espada escribió su «Patria» en 1997. En el año 2000, Espada había ganado el premio «Cerecedo» de Periodismo por su trabajo de investigación «Raval. Del amor a los niños», noticia de un «atropello» a unos inocentes del que fueron responsables funcionarios públicos, jueces, políticos y periodistas. «Raval» da cumplida cuenta de que no es la mala fe del funcionario la responsable de la ineficacia de la Administración pública, sino que es la pereza, la abulia, la vagancia, la que aparece detrás de la mayoría de graves errores. 
En el año 2002 Espada publica «Diarios», un libro sobre el periodismo escrito desde dentro, muy crítico, sin espíritu corporativo, que recibió el «Espasa» de Ensayo. Al poco, en 2004, Espada abre un blog, el Nickjournal, que revolucionó la calle y la vida aquellos años tan dolorosos en España marcados por la tragedia del 11-M y que nutre su segundo tomo de «Diarios» (2005). Aquí quedan perfiladas ya varias líneas maestras del pensamiento de Espada: el conocimiento científico es el que debe ordenar el mundo, su lucha por la regeneración ética del periodismo, su pasión por el oficio, su animadversión contra todas las formas de ficción que acaban deformando la verdad de los hechos, su infranqueable defensa de la naturaleza humana con el amargo determinismo ¡y libertad! que conlleva. 
En los años siguientes ven la luz un exquisito ensayo sobre la vida privada de Josep Pla y tal vez su libro más delermiano y más sentido: «Ebro/Orbe» (2007), un recorrido por el Ebro empezando al revés, desde Amposta, a contracorriente, como le gusta vivir a este viajero que llegó al final del camino cargado de melancolía tras comprobar que en España estaba desapareciendo la trama de afectos entre regiones que nos mantuvo unidos durante tantos años difíciles. 
A partir de entonces, el intelectual Espada intensifica su presencia en la escena política colaborando en la creación y puesta en marcha del partido Ciudadanos y en la de la Asociación «Libres e Iguales». Así aparecerá «Diarios de la peste», al ardor del proceso separatista catalán que tan de cerca le afecta porque él no se ha movido de Barcelona. Aún tiene tiempo para escribir la única semblanza válida, así lo dijo el maestro de periodistas Eugenio Suárez, del Schindler español, Ángel Sanz Briz, en su «En nombre de Franco» (2011). Y de coordinar esa maravilla de libro electrónico sobre la amante de Pla, Aly Herscovitz, uno de los libros más cargados de sano romanticismo que uno haya leído. 
Arcadi Espada es columnista del diario «El Mundo» y mantiene un blog en el que escribe a diario. 
Anteayer, Arcadi Espada cumplió 60 años. Un servidor mantiene con Espada desde hace años una severa disputa: la misma que enfrentó a Renard con Montaigne. Jules Renard siempre defendió que la vida da tantas vueltas que «no hay amigos, sino instantes de amistad». Por el contrario, Montaigne dijo saber qué cosa era la amistad en su relación con La Boêtie: «Fuimos amigos porque él era él. Porque yo era yo». Y así seguimos, deliberando año tras año a sabiendas de que el pozo no tiene fondo. Cuando Espada cumplió 50 años lo compartió con amigos, conocidos y saludados. 
Al final, como es un gran afectivo, cantó el tango «Mano a mano», ése que acaba: «Si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo / acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo / p’ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión». El renardiano Espada. 
Un servidor prepara un libro titulado «Conversaciones con Arcadi Espada», que saldrá en el próximo invierno. La primera pregunta llega obligada: «¿Mentirás, Espada?».

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