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RISTO «FAKE» (hoy en La Nueva España)

Risto «fake»

El día en que Mejide pensó que iba a acabar con Arcadi Espada

Juanjo Martínez Jambrina | Psiquiatra 23.02.2019 | 23:26

Risto "fake"

El pasado fin de semana el presentador Risto Mejide prometió a sus telespectadores que disfrutarían de un espectáculo único, nunca visto: la expulsión del plató del periodista catalán Arcadi Espada. Los neones de «Chez Mejide» parpadearon varios días incesantemente un solo sintagma: «scandal, scandal», reclamando audiencia. A estas alturas del siglo si hay un intelectual español a abatir por los circuitos sociales e instituciones surgidas al calor de lo «políticamente correcto» es Arcadi Espada. Yo he sido testigo de algunos «acosos» sobre su persona con la finalidad de que no pueda expresar su pensamiento de forma libre como parece que garantiza nuestra Carta Magna de 1978.
Yo apenas sabía de Risto Mejide. Sé, porque me lo contaron luego los periodistas Rafa Latorre y Nieves B. Jiménez, siempre bien informados, que trabajó en «Gran Hermano» asustando jovenzuelos. Su papel, precisa Latorre, dependía de causar repugnancia. Parece que en este arte era sumamente diestro lo que, así está la cosa, le capacitó para seguir trabajando en el «mainstream» televisivo.
El día que Mejide pensó que iba a acabar con Espada tiñó todas sus preguntas, sus silencios y sus figurantes de un fuerte color moralizante. Tal vez por ello, por ser ejemplo de vida ética, también llevó al programa a Lidia Falcón, añeja líder feminista. Falcón, por cierto, estaba de aniversario y Risto sin saberlo: en 2019 se cumplen 45 años del atentado en la madrileña cafetería Rolando que costó la vida a 13 inocentes que estaban desayunando y que ha sido asumido por ETA recientemente. La masacre se planificó en el piso que Lidia Falcón tenía en Madrid y que, casualmente ocupaba la psiquiatra Genoveva Forest Terrat ,»Eva Forest». Así cuenta Falcón dicho suceso en el prólogo de su libro: «Viernes 13 y en la calle del Correo» (Planeta, 1981): «Este libro es la denuncia de las maldades, de los errores y de los fracasos de algún grupo que se creía revolucionario, en unión de otros personajes bien identificados, que hicieron sufrir a unos cuantos tontos, aunque inocentes, entre los que se cuenta ese pueblo español siempre ingenuo». 13 muertos anónimos, Lidia. 13 muertos tontos, Mejide. Moralidades?. Lidia Falcón hizo su trabajo. Incluso llevó al plató algún recuerdo poco agradable. Espada, tan desabrido, no dijo ni mu. Y podría haberla felicitado por la efeméride con unos pendientes, unas lenguas de gato?. ¡Que se yo!
Dice José Antonio Montano que a Espada le pierde a veces lo «abrupto de su pedagogía»; es la forma fina que ha encontrado el malagueño para decir que a Espada «le entendemos cuatro porque escribe para cuatro». Algo de razón lleva. Cuando en una comunicación entre emisor y receptor, el receptor no se entera bien del mensaje, la culpa suele ser del emisor. Esto puede explicar algunas polémicas arcadianas. Aquellas de antes de publicar «Raval». Las del Siglo XX. Pero desde entonces para acá a Espada no se le lee. Porque se le teme. Y se cose un titular rápido e inexacto a su discurso cuando hay que descalificarle: o sus declaraciones sobre la Manada. O los sintagmas que usan algunos activistas pro-vida: «Llama a los niños con síndrome de Down: tontos, enfermos y peores.»
A Risto Mejide no le interesa el periodismo, ni la verdad de lo que sucede, ni cómo se hace una entrevista con una función social divulgativa. Y allí convocó al padre de un niño con síndrome de Down. Sin pararse a leer ni a contextualizar que lo que Arcadi ha escrito al respecto solo tiene que ver con los «no nacidos», con los zigotos sin memoria, no con los «nacidos». Pero a esas alturas el lodazal moralizante ya era terriblemente tóxico. Y Arcadi Espada decidió irse de aquel plató como se iba James Stewart de las acometidas de Liberty Valance: Solo, muy solo, pero con la frente muy alta.
Sorprende que Espada sea incapaz de detectar que no solo hay «fake news», que también hay presentadores televisivos que son un «fake» andante. Su presencia «gratis» en dicho programa ha intentado explicarla con un latinajo: «Vanitas vanitatis?» que convence algo?.
PD: Arcadi Espada, en el programa emitido por el canal Cuatro, no dijo nada de lo que Mejide le acusó. Para interesados en el conflicto ético que planteaba Espada en el año 2013, cuando sucedió la primera polémica sobre este tema, resulta gratificante leer la conversación libre y abierta que mantuvieron el escritor barcelonés y un hombre tetrapléjico llamado Antonio Centeno, que le da una réplica solvente, razonada y sensata. Una delicia de deliberación. Una manera adecuada y apacible de poner negro sobre blanco un importante conflicto moral. Esta conversación puede leerse en el blog de Arcadi Espada en el diario «El Mundo». No se la pierdan. Y descarten «Risto´s» de sus vida. «Risto´s fake».

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