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Sólo quiero caminar

Son estos días apacibles, lentos y brumosos los que me hacen tomar conciencia de todas y cada una de las cicatrices que cuartean mis huesos. Son estos días en los que me hace daño hasta la luz del sol leonés que me llega en un foto de guasap. Deslumbrante. Estos días en los que toda la gente en el universo orbe parece hacerme luz de gas. Vaya por donde vaya todos me parecen seres firmes, muy seguros de sí y asentaditos, muy asentaditos en su mediocridad, sí, pero asentaditos y con ganas de mantenerse y prosperar en la misma hipocresía que les dió un lugar bajo el sol. Me sucede un poco como a Gonzalo Suárez, que dice que la realidad está empezando a resultarle amenazadora. Pero eso no se lo cree ni el propio Suárez. Nosotros, los incontrolados, hace mucho tiempo que sabemos que nos sostendremos en la medida en que seamos fieles a nuestros proyectos, a esos proyectos que a menudo parecen tan desnortados o llamados al olvido. Hace mucho tiempo que sabemos que nuestro destino es faire cavalier seul, ser irreductibles. Y que si la realidad quiere guerra, la tendrá.
Pero mientras tanto, mientras llega nuestro momento, nos toca nadar entre dobleces, entre bañistas sorprendidas, entre especímenes duchos en el arte de simular sin dejarnos atrapar por la seducción del Mar de la Tranquilidad que es un mar sin sustancia. Creo que nunca dejaré de caminar. Porque no quiero vivir una vida vacía. Porque no quiero vivir una vida llena de nada. Que sí, ché. Sólo quiero caminar. Dejadme a solas.

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