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Spleen de Madrid en Julio

Remoloneaba tardes atrás por la librería que está en los bajos del Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Una librería espléndida, delicada;  filial, creo de la mítica Antonio Machado. Estaba esperando a que Heptafon apagase los motores de su despacho en un Banco cercano y se bajase a tomar conmigo unos gintonics Ten demediados en la agradable terraza del Círculo. De mi paseo por la librería acabé con una docena de títulos nuevos en la cartuchera: que si Campo de guerra, que si el Caravaggio de LA de Villena, etc, etc. Cuando fuí a pagar comprobé que, como de costumbre, había comprado demasiado y retiré del botín un libro de poemas titulado El amor en los sanatorios, de un poeta zamorano, Jose Angel Barrueco. Yo no sabía nada del autor pero hojeando el texto ví dos o tres versos que me llamaron la atención y lo metí en la bolsa. Cuando le dije a la joven chica que me estaba cobrando que lo dejaba, lo miró con cierta tristeza y me dijo: «Pues debería usted llevárselo, porque es una delicia de libro: es un poemario tiernísimo en el que el autor describe con mucha sensibilidad los meses que pasó en el hospital acompañando a su madre en la Muerte y disfrutando de la llegada de su primer hijo a la Vida. De hecho, el libro lo dedica a su madre y a su hijo, que se cruzaron en  algún punto entre la Vida y la Muerte; lléveselo, de verdad, no se arrepentirá» insistía con cierta vehemencia.  La chica era una jovencilla de unos 20 años, de pelo a lo garcon, teñido de rubio, con un leve piercing en las orejas y con una camiseta negra muy fina con una inscripción en francés que decía «Je suis ici».

En realidad, desde que empezó a hablar del libro ya había decidido llevármelo pero me gustó su defensa desencadenada de la obra. Cuando se lo dije se puso muy contenta y mientras me echaba el bolsón cargado de libros al hombro, la miré por última vez y ví en su rostro una sonrisa leve e infrecuente. Una pena que ya no me quedase mas tiempo en la tarde para pegar la hebra con ella o que no cupiese en el macuto entre el resto de libros. Me la hubiese llevado con sumo gusto. El bueno de Heptafon, que fue testigo de estos hechos vestido con un exquisito terno de diseño italiano, podrá decir si miento en este afiche de tarde torera.


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Yo quería hablarles hoy de por qué duele el amor, o de la formidable lección de anatomía de Marta Sanz o del amor en los sanatorios o o de la triste y orgullosa rosa roja deYeats, de que pese a todo todavía sigo en pie. Pero llega con urgencia el libro del profesor Baca Baldomero: Transgresión y perversión, largamente esperado: En la perversión el ejercicio del poder es lo que produce placer, no es la erótica del poder, si la hubiera, sino la inermidad del otro ante mi voluntad. Esto, tan importante.

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