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Vida de papel

Leyendo la magnífica ¡y breve! Autobiografía de papel, de Félix de Azúa. Se acumulan brillantes reflexiones en un estilo tan ligero como una gasa. Sin embargo, Azúa hace tiempo que no es de este mundo. Azúa hace años que vive en lo eterno. Al menos, desde que yo le leo con más interés, hará unos 15 años. Y esa pérdida de contacto con la realidad, esa elaboración del pensamiento a partir de materiales extraídos de un pasado lejano o de minas a cielo abierto deja la obra de Azúa con la espalda abierta ante las noticias que envían quienes siguen a pie de obra, conviviendo con el grisú, arrancando los adjetivos de las entrañas de la Tierra. Porque Azúa saca todas las plumas de pavo real para escribir entre vítores que el periodismo es el oficio de palabras e imágenes donde convergen la poesía, la novela y el ensayo. Pero ni siquiera se atreve a precisar qué cosa sea de verdad el periodismo, mas allá de un inexacto punto de encuentro. En cambio, los periodistas que se han atrevido a mirar a los ojos de la Esfinge, los que no se conforman con arrancarle pelos de la cola, concluyen con insondable melancolía que el periodismo, como profesión, nunca ha existido. Y Azúa ahí, sin enterarse, muy satisfecho en esa estratosfera madrileña tan bien alicatada. No, Azúa no es Camus. Ni Orwell.
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Una de las polémicas más divertidas de los últimos días. La que provocó el amigo Marcos en su blog Patatitas Pochas escribiéndole una carta a Andrés Trapiello que éste reproduce en su blog Hemeroflexia con una respuesta que supera lo inaudito. El propio Marcos vuelve a responder a Andrés Trapiello en su blog con estas sabias palabras: «Lo que argumenta, señor Trapiello, –el carácter de ficción de sus diarios- seguramente serviría ante un juez, si alguien aludido interpusiera una demanda por ofensas o algo parecido. Pero que sus razones sean válidas en el terreno jurídico no las convierte en convincentes, creo yo, para sus lectores.»
Detrás de la mayoría de las obras de ficción late una profunda cobardía.
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Para BT y para mis amigos :«El silencio siempre sorprende. Es una cosa insólita, que tiene una punta de misterio. Paso un rato, sentado en una silla, perplejo. El viento hincha y deshincha la cortina.» (Josep Pla, El cuaderno gris)



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Puede que no haya hecho tanto caso a nadie en mi vida como a Alfredo Landa en Las verdes praderas.

4 Comentarios

  • ch

    De cafearcadia.blogspot.com.es (blog de JL García Martín):

    Mientras tomo un café, en el lugar de costumbre, leo Autobiografía de papel, de Félix de Azúa. Cuando cierro el libro y lo dejo a un lado, se me acerca un desconocido.
    ––Perdone que le interrumpa. Le he estado observando. Lee muy rápido. ¿Es este el libro que comentará la próxima semana en el periódico?
    ––Debería. Pero no lo haré. No pasa de un gracioso disparate. No vale la pena meterse con él. Sería como pegar a un niño.
    ––A mí Azúa me parece uno de los escritores más brillante e inteligentes con los que comentamos.
    ––Eso le parece a muchos. Y para que esa opinión se mantenga lo mejor es no leerle, o leyéndole solo por encima, que es lo que harán las próximas semanas los reseñistas de los suplementos más importantes. Pero yo no puedo no leer. Y lo que leo en este librito lleno de pretensiones es, por ejemplo (página 106), que, tras ganar las elecciones en 1982 Felipe González, “el fracaso grotesco del golpe de Estado del coronel Tejero” acabó de asentar el gobierno socialista. ¿Un lapsus? Quizá, pero no precisamente único. Hablando de los Nueve novísimos, la antología en la que se le incluye, nos dice que la única de “cierta relevancia” anterior a ella es la famosa de Gerardo Diego que consagró al 27. Tras equivocar título y fecha, dice que era “delirante, lo que la hacía muy cómica”. No señala las razones de la comicidad, pero sí que “Ernestina de Champourcin tenía casi la misma importancia que Cernuda”. Pero Ernestina de Champourcin no se incluye en esa antología, sino en otra de 1934, elaborada con muy distinto criterio.

    La manera de razonar de Azúa no es mejor que su información: “Barral ya había enmendado la plana a Diego con la primera antología preparada por Castellet, con la ayuda de Gil de Biedma, Veinte años de poesía española, 1939-1959”. ¿Cómo puede enmendar la plana una antología dedicada a la poesía de posguerra a otra que termina su selección en 1931? Con candorosa ingenuidad escribe: “Tradicionalmente los escritores españoles leían a escritores españoles y nada más”. Hasta que llegó su generación, la de los novísimos, nadie leía otra cosa e incluso parecía mal que se hiciera: “Yo recuerdo por aquellos años al bueno de Rafael Conte riñéndome porque leía a Julián Gracq en lugar de leer a Baroja”. ¿El afrancesado Rafael Conte riñendo a alguien porque lea a Gracq? Otra razón más para no fiarnos de la memoria de Azúa. ¿Se ha informado él de cuáles eran las lecturas de Baroja? ¿O las de Unamuno? ¿O las de Galdós? ¿O las de Clarín? ¿O las de Lope de Vega? ¿Solo leían a autores españoles? Ni siquiera el público general, en los autárquicos años cuarenta, leía principalmente a autores españoles. Pero esto son los errores menos graves del libro. Más disparatada es su teoría de los géneros literarios. La poesía, por ejemplo, fue el principal género literario hasta finales de los setenta, exactamente hasta el momento en que a él dejó de interesarle la poesía. Le sucedió la novela, luego el ensayo y, finalmente, el periodismo, exactamente tal como se fueron sucediendo las dedicaciones principales del propio Azúa. Sus afirmaciones “científicas” o “sociológicas” son igualmente desopilantes. Pero le estoy aburriendo…

    ––Me está divirtiendo. Es como si escribiera la reseña para mí solo. Continúe, continúe.
    ––Nos cuenta que en 1968 un amigo le dijo que en Cuba vivía un gran poeta, Lezama Lima; en una semana, conocieron la noticia sus otros amigos, en unos meses comenzaron las publicaciones. Hoy las informaciones “llegan por Wikipedia al instante”, hoy ya no cuentan “los grupos de amigos ni la información oral”. ¿Tendrá idea Azúa de lo que es la Wikipedia? ¿Cómo voy a buscar yo en la Wikipedia a un desconocido poeta cubano si alguien no me informa de que existe? ¿Y cómo voy a encontrar datos sobre él en la Wikipedia si alguien no se ha ocupado de redactar su entrada y diversos editores de aceptarla y corregirla? La información oral y los grupos de amigos resultan tan decisivos hoy como ayer en la formación de un joven poeta.

  • ch

    ––¿Algún disparate científico?
    ––A ver si encuentro el pasaje concreto. Lo que dice es que, antes, la ciencia precedía a la técnica. Alguien descubría la ley de la gravedad y, como consecuencia, se inventaban los aviones; hoy, en cambio, aparecen los móviles o Internet y la ciencia anda detrás tratando de explicar lo que jóvenes muy espabilados inventan en un garaje.
    ––No puede decir eso.
    ––Lo dice, lo dice, lo que pasa es que ahora no doy con la página. Aquí encuentro otra perla. Habla de los escasos vanguardistas en la narrativa española de los años veinte y añade “sobre este punto es imprescindible la lectura de Las armas y las letras, de Andrés Trapiello”. Pero ese libro habla de otra cosa, de la literatura durante la guerra civil (quizá lo confunde con el Diccionario de las vanguardias, de Juan Manuel Bonet). Ni siquiera denostando al nacionalismo vasco da pie con bola. Según él, Arnaldo Otegui arremete “contra los jóvenes vascos que usan ordenadores y asegura que tras el triunfo nacionalista esos mismos muchachos estarían triscando por los montes y los bosques de la patria respirando aire puro”. Sin comentarios…

  • Samuel

    Qué mas da¡ El libro de Azúa está lleno de ideas, sugerencias e invitaciones al conocimiento. Algo que JLGM no sabe hacer ni ha hecho nunca en su vida

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